Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Alternativas en Ciencias Sociales
Volumen 1, N° 1, 2024
74
Las ciencias sociales en su dimensión pública.
Ejercicios de escritura y su inuencia en el
discurso político-social
Social sciences in their public dimension. Writing
exercises and their inuence on political-social
discourse
Fredy Aldo Macedo
Huamán
Universidad ORT-México
Ciudad de México, México
amacedo@ort.edu.mx
ORCID: 0000-0002-8102-
1270
Recibido: 30 de mayo de 2024
Aceptado: 25 julio de 2024
Sección: Notas de investigación
Cómo citar: Macedo, F.A.
(2024). Las ciencias sociales en
su dimensión pública. Ejercicios
de escritura y su inuencia
en el discurso político-social.
Alternativas en Ciencias Sociales,
1(1), 74-108.
DOI: https://doi.org/10.70467/acs.
v1n1.4
Abstract. This essay presents some reections on the scope and limits
of writing exercises carried out by social scientists when they are involved
in extra-academic environments; that is, when such work is directed to
audiences in the public-civil sphere of their communities. In this sense, one
axis of exploration consists of weighing such practices in the shaping of the
political-democratic discourse of people as individuals and citizens. The
above is raised, taking into consideration that writing for these purposes
and audiences has followed certain paths and is dened by a particular
current state (or set of challenges to be faced), but that it also requires
examination with a view to its creative rethinking as public task and
intellectual commitment.
Keywords: public dimension of social sciences; outreach; political/social
discourse; writing; civic-political sphere.
Notas de Investigación
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Resumen. Este ensayo plantea algunas reexiones sobre el alcance y
límites de los ejercicios de escritura realizados por cientícos sociales,
cuando se involucran en entornos extra-académicos; esto es, cuando dicha
labor se dirige a auditorios en la esfera público-civil de sus colectividades.
En ese sentido un eje de exploración consiste en sopesar tales prácticas en
el moldeamiento del discurso político-democrático de las personas como
individuos y ciudadanos. Se plantea lo previo, teniendo en consideración
que la escritura para estos nes y audiencias, ha seguido ciertas rutas y
se dene por un estado actual particular (o conjunto de retos por afrontar),
pero que además requiere examinarse con miras a su replanteamiento
creativo como tarea pública y compromiso intelectual.
Palabras clave: dimensión pública de las ciencias sociales; divulgación;
discurso político/social; escritura; esfera cívico-política.
1. Introducción. Escritura como acto académico/cívico-político
1
En el acto de escribir, desplegado con un estilo propio por cada quien
en ciencias sociales, se revelan también pistas sobre cómo se entiende
lo colectivo en clave política, y la valoración de las audiencias a las que
uno se dirige. Aquel por sí mismo es un tópico por explorar y desde el cual
opera un compromiso como estudiosos de la vida social;
2
a partir de las
disciplinas en las que nos formamos y ejercemos.
Sin embargo, ello va más allá. Los cientícos sociales estamos
implicados en una labor académico-profesional cuya resonancia no sólo
recae sobre sus propios círculos de origen, sino que también es parte de
la dinámica cívico-política más amplia de las sociedades. Y, al considerar
ello, también habría que reparar en la forma en que se comunica (1)
esto es, el cómo se comunica, sin excluir el qué como soporte temático–
lo generado desde ese papel; ancado inicialmente en algún espacio de
producción del conocimiento (2). Se trata de facetas cuya inseparabilidad
1
Este ensayo se basa en algunas reexiones que expuse en la Conferencia: “Construir ciudadanía desde
la imaginación sociológica. Una tarea entre la universidad y la sociedad”, a la que fui invitado como parte
del 50 aniversario de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Cajamarca; la cual
impartí vía online en junio de 2023. Además, agradezco a Wilder Ortiz Guadalupe por sus comentarios y
sugerencias a partes especícas del mismo, cuando todavía era un borrador. También quiero manifestar
mi aprecio a Irene Cabanillas Muñoz, Javier Montoya y Mónica Sánchez Zaragoza, por los diálogos
sobre algunas ideas aquí vertidas.
2
El autor estudió Sociología como profesión de origen y una maestría en Ciencias Sociales (con énfasis
en tal área), así como también obtuvo un doctorado en Ciencia Política. De modo que estos apuntes
se hacen desde esas lentes disciplinarias y puntos de convergencia en el amplio campo de las ciencias
sociales.
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casi damos por descontada, pero que también es necesario diferenciar y
particularizar en sus términos. Lo que ocurre en el contacto entre cientíco
social-círculo de pares y socios especializados-público amplio, no es algo
que sólo esté marcado por una linealidad que parta de un punto a otro,
acabando ahí su propósito B (ámbito de destino o recepción), por el cual
se desplegó desde un lugar A (zona de producción comunicativa). Éste
es un asunto más intrincado y desaante de lo que supone lo previo. Hay,
en estas interacciones y formas de recorrido, toda una dinámica compleja
y multidimensional; la cual requiere ser esclarecida desde sus premisas,
puntos de acentuación, aportes distintivos, tensionales o convergentes, y
campos de vinculación (metafóricamente, el tipo de “balanza” que se tiene
entre manos) a partir de los pesos y direcciones propiciadas.
En efecto, como género escrito dirigido a sectores académicos, tal
acto es expresivo de la tendencia entre nuestras disciplinas a centrarnos
en un modo predominante de canalizar el lenguaje, teniendo en cuenta
a sus destinarios iniciales (colegas o actores anes en el nivel educativo
superior): uno de tipo especializado, sistemático y en un tono mayormente
impersonal. Pero, ¿qué implica para el sector académico incursionar en
entornos de destino más amplios, y no sólo ceñirse a un nexo con los actores
y espacios propios de su eje disciplinar? Desde un punto de mira menos
formalizado y sosticado, un segmento de ellos se involucra en campos
de relevancia pública como: prensa, radio, televisión, espacios digitales,
sector divulgativo-educativo-cultural, servicio comunitario, cine, museos,
entre otros, para desde ahí exponer sus contenidos en concordancia con
los tipos de públicos y códigos relativos a esos terrenos. No obstante,
comparado con los entornos académicos, convencionalmente concebidos,
las brechas en términos de cobertura, impacto, penetración y arraigo de
sus modos comunicativos habituales, revela una situación abismalmente
diferenciada en cuanto a sentidos, pesos e intensidades.
Además de ello, en un terreno así de amplio y carácter público, que
planteo como segunda faceta de involucramiento, hay cuestiones de fondo
por valorarse desde sus especicidades y rutas nales, en concordancia
con sus condiciones, expectativas y potencialidades. En efecto, en una
esfera pública y social, los auditorios son tan variados y enfrentados
como convergentes, pero en ellos hay un aporte por lo que construyen,
resignican y vivencian, así como una necesidad de entendimientos y
habilidades (como elementos de los que en un inicio carecen), en torno a
sus discursos cívicos, organizativos y políticos, culturalmente generados,
sobre la dirección política o gobernanza de sus colectividades. Vistas
desde un alcance mayor, las universidades (lo cual incluye a sus distintas
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entidades, áreas, facultades, programas y campos disciplinares) son
agentes de quienes se espera participen –y que, de manera sistemática
o no, ya participan– de un involucramiento cívico-público en el contexto
de sus comunidades cercanas e incluso más allá de éstas. Para impulsar
estos actos y arribar al cometido que se proponen, alguna “agenda”
conceptual opera como marco en la base de esos ejercicios; ya sea en
modos explícitos, implícitos o más ambiguos.
El objetivo del ensayo es reexionar sobre el alcance y límites del ejercicio
de la escritura realizada por cientícos sociales, cuando se involucran en
entornos extra-académicos; esto es, al dirigirse a auditorios en la esfera
público-civil de sus colectividades. En ese sentido, un eje de exploración
consiste en sopesar tal ejercicio en el moldeamiento del discurso político-
democrático de las personas como individuos y ciudadanos. Se plantea lo
previo, en consideración de que la escritura para estos nes y audiencias, ha
seguido ciertas rutas y se dene por un estado actual particular (o conjunto
de retos por afrontar), pero que además requiere examinarse con miras a
su replanteamiento creativo como tarea pública y compromiso intelectual.
Como tesis principal, se postula que los tipos generales del modelo
de escritura –orientada al entorno cívico-político– en ciencias sociales
oscilarían entre, por un lado, (a) un esquema intelectualmente exclusivista,
supra-societal y centrado en los criterios especializados vertidos en una
traducción comunicativa para nes de popularización, y, por otro, (b) una
concepción dialógica que hace inteligibles, además de pulsar sensiblemente,
las condiciones y capacidades subjetivas de los individuos-ciudadanos, en
nexo con los alcances y límites presentes en la discursividad cívico-política
de la que provienen o que buscan afrontar. Lo que se tematiza como asuntos
de interés público, tanto como lo que se termina expresando, del modo
como se hace, reeja la calidad de una ciudadanía retórica (CR) alineada
con base en el espectro previo, generándose así: ya sea una muy limitada
o empobrecida CR [esquema a], o una potencialmente esclarecedora
bajo una lucidez reexiva y aguda– [concepción b] acerca de los contextos
de análisis, y asentada en una humanización biográca-historizada de
los actores, junto a la denición de retos y perspectivas por sopesarse en
sus entornos colectivos, en contraste con la gobernanza democrática y el
compromiso cívico-político que ésta requiere o la sostiene.
Estas notas de investigación se organizan así: en el segundo apartado
se plantea un encuadre amplio del rol de la escritura como ejercicio de las
ciencias sociales, insertado tanto en ámbitos especializados como dirigido
a entornos cívico-políticos. (Una base conceptual que se adopta es la
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perspectiva de la ciudadanía retórica [CR].) Luego, en la tercera sección,
se abunda sobre el foco del abordaje, desde la veta de la escritura para
sectores ciudadanos como integrantes de arenas cívico-políticas; resaltando
la dimensión pública de tal campo disciplinar, los modelos de escritura a los
que se recurre como referentes biográco-históricos (Klemperer y Havel),
y las implicaciones contemporáneas de sus legados para el examen del
uso político del lenguaje. Seguidamente, en el cuarto punto, se esboza
un marco que se invita a considerar al momento de ejercer una escritura
cívico-política en ciencias sociales. Y, por último, se culmina con una visión
de conjunto a modo de anotaciones nales.
2. Ciencias sociales: escribir para sí mismas y más allá
En general, ¿qué relación tiene el origen, trayecto y futuro de las ciencias
sociales con los valores político-civiles medulares de la modernidad
(libertad de expresión y de creencias, respaldo de ideas y argumentos
en la ciencia y la razón, libertad académica, defensa de la libertad y la
justicia como valores centrales, asunción abierta del debate y discusión)?
¿Qué orden de relevancia ocupan éstos en sus fundamentos ontológicos,
epistémicos y ético-axiológicos como faros referenciales de su quehacer?
¿Qué pueden aportar aquellas (y de qué formas) a la construcción de
sociedades más democráticas, pluralistas y abiertas, desde el ejercicio de
la escritura? En una primera instancia, traigo a colación estas interrogantes
ya que permiten ir desbrozando una exploración más a fondo acerca del
rol público/dimensión política como vetas a responder desde el ejercicio
investigativo –e incluso docente y proyectivo cultural– en el que tales
disciplinas se insertan.
La modernidad al impulsar y aterrizar los marcos valorativos ya referidos
en lo político-social, desde contextos democrático-constitucionales, provee
de un piso posibilitador para que ejercicios formativos, investigativos,
comunicativos y políticos (en lo discursivo-práctico) que giran en torno a la
escritura –como una de sus formas expresivas–, no sólo sean reconocibles
y exigibles por parte de los actores implicados, sino también para que se
asiente y preserve su condición en distintos niveles de inserción, maduración
y recomposición. Ello, no obstante, ni asegura una alta calidad de la misma
ni que tampoco sus embates preocupantes queden erradicados, o sean
siempre una prioridad como áreas de interés (desde la defensa, protección
y acción correctiva, debidamente instituidas vía distintas políticas).
No hay un estándar jo ni denitivo para dar respuesta a lo preguntado
antes. Incluso una concepción particular –o modelo interaccional–, en torno
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a cómo se asumirían los vínculos entre esas disciplinas y los entornos
sociales en nexo con ellas, es el marcador que ayudaría a afrontar mejor
esas cuestiones. Así, si se parte de una consideración de que: se está
abordando las realidades sociales como ámbitos objetivos y/o subjetivos
(nivel ontológico); el conocimiento, sujeto cognoscente y agentes por
conocer son tenidos en cuenta como procesos muy decantados desde lo
externo-vertical, o desde sus proximidades, interposiciones y dialogicidades
e impactos relacionales, que derivan en procesos de saber especícos
surgidos de un anco hacia a otro, y viceversa (nivel epistemológico); o,
hay una apuesta por establecer una marcada distancia, en aras de alcanzar
una neutralidad valorativa en los analistas-estudiosos, o una en la que por
el contrario se presupone una co-construcción de proyectos éticos (nivel
axiológico), como parte de esos encuentros orientados a la investigación
y/o a las probables prácticas sugeridas como alternativas en la dinámica
examinada; ello también permeará en el tipo de concepción sobre qué/por
qué/para qué/cómo escribir para públicos no académicos de la vida social.
Por otra parte, si se parte de la academia para llegar a la sociedad,
considero que en general hay dos capas de involucramiento de los
cientícos sociales, considerando al conocimiento por generar y a la
acción/praxis que se deriva o vincula con el mismo. En primer término,
un núcleo primario y gravitante lo conforma la autonomía intra-centrada
que requiere todo cultivador de una disciplina como estudioso, pensador
o investigador (similar al rol que dene a una ciencia básica); ésta no
tiene que ni debiera estar sujeta a las presiones extrínsecas, preferencias,
motivaciones o expectativas extra-disciplinares, sino que obedece a la
libertad investigativa, dinámicas endógenas del saber que ello involucra y al
ritmo sereno, cauteloso y propiciador que requiere el asombro, creatividad,
agudeza y reexividad crítica de los asuntos por indagar.
Siguiendo con el circuito previamente descrito, un segundo modo de
implicación de los cuadros cientíco-sociales ante sus comunidades,
correspondería a sus aportes, sugerencias e inserciones como integrantes
de procesos prácticos sobre el terreno (muchas veces nutridos seminalmente
por lo logrado en la capa antes referida): i) coadyuvando al rol de actores
clave insertos directa o indirectamente en la acción pública concreta,
ii) mediante asesorías focalizadas y ampliadas, iii) diseño y hechura de
políticas diversas, iv) acompañamiento socio-técnico o pericial, desde la
defensa de derechos, dirigido a actores públicos, movimientos sociales,
personas u organizaciones de otras índoles, entre otros.
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Un eje transversal a tales capas, es uno que opera como “bisagra” para
que esos ejercicios sean reconocibles y procesables a nivel de la sociedad
amplia. De modo desagregado, éste consiste en atender la necesidad
de: comunicar lo investigado, mediante la divulgación pública de sus
saberes; reexionar sobre ello por su carácter, transferencia, “traducción”
o reprocesamiento de saberes, e impacto y proyección en la vida social;
contrastar, escrutar y remover el saber establecido, al tiempo que se crea
consciencia entre los destinatarios sociales sobre tópicos de interés público,
mayormente acuciantes (desde proposiciones sostenibles, fundamentadas
y convincentes); a la vez que se esperaría –de regreso y como contracara
del recorrido desde lo académico– una gama de respuestas de los actores
de base, desde su saber, dilemas y vivencias contextualizadas.
Respecto a la expresión y articulación de estos ancos, ocurre que
mayormente es algo visto como una labor ejercida por los cientistas sociales,
en lo individual o a partir de equipos, casi por inercia o sin mayor reexividad,
conducción e intervención sistémica alguna. Quedarse con esta imagen
implica estar muy alejados de actos institucionales que, además de las rutas
espontáneas anteriores, asumirían los cientícos sociales junto a gestores,
estrategas y equipos técnicos (entrelazados con las partes interesadas
de las comunidades) (Morone y Ziv, 2024), para generar respuestas que
impulsen desde dentro y fuera de sus dominios una vía concertada de
saberes-haceres –dirigida al aterrizaje, involucramiento y contribución
más notorias de ellas, valorando a distintos niveles, públicos y marcos
de retroalimentación–. Ello podría hacerse, por ejemplo, constituyendo
ocinas, áreas, entidades, foros o mecanismos diversos que implementen
de manera sostenida, interaccional y profesionalmente competente esos
ejercicios, aunado a sus respectivos nexos.
En general, luego de incursionar vía un abordaje amplio y por tanteo
en esta temática en ciencias sociales, di con un anco más sistemático al
respecto, cubriendo al tópico desde una veta especializada: la ciudadanía
retórica (rhetorical citizenship). ¿Qué es la ciudadanía retórica (CR) y
cómo se vincula con los nes de este ensayo? La CR es un concepto
procedente de los estudios retóricos y de la comunicación que explora
cómo los individuos se involucran en el discurso público y participan en
los procesos democráticos mediante diversas formas de comunicación.
En general, se centran en el papel de la retórica en la conformación del
compromiso cívico y en los modos en que las personas usan el lenguaje y
otros medios simbólicos para inuir en la opinión pública, las políticas y el
cambio social (Andersen, 2023; Hauser, 2004; Kock y Villadsen, 2012, 2015,
2017; Rees, 2023; Rountree, 2022). Así, para efectos de este ensayo, la
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CR es un referente que actúa en dos vías: como modelo analítico-teórico,
al orientar el examen de un entorno con miras a dimensionarlo teórica y
reexivamente; y como un rasgo ideacional –al que se accede, construye,
o del que se carece– plasmado en las condiciones discursivas, narrativas,
simbólicas y representativas de unos actores en sus ámbitos políticos
existentes (o imaginados como deseables, tras movilizarse por su empuje).
Figura 1
El camino hacia una ciudadanía retórica (CR) inter-nivel: academia /
sociedad
Este trabajo conecta con las posibilidades y contornos especicados
en esta línea exploratoria (la de la CR), ya que asume que a la ciudadanía
retórica llegan y se sitúan como actores discursivos-deliberativos, desde
varios lugares-modos, distintos tipos de agentes. En este caso, se trata de
resaltar un entorno complejo y dinámico al que denomino una ciudadanía
retórica inter-nivel (intelectual-social) (véase la Figura 1); esto es, una que
especica y pone en vinculación los procesos formativos, comunicativos,
inter-pedagógicos, dialogales y posicionales entre dos conjuntos de
actores: la academia en su dimensión público-intelectual, y la ciudadanía
situada en una comunidad política concreta –también referida en la gura
como “Ámbito público-social”–.
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Si bien en este abordaje no se cubre todas las facetas de estos vínculos
y sus presencias activas en ellos, sí se enfoca en las expresiones de esos
rasgos desde la mirada y actuación de unos (académicos como intelectuales
públicos) ante otros (las audiencias o públicos),
3
representados en la
línea azul de la Figura 1; sin que ello implique necesariamente linealidad,
imposición, verticalidad y temporalidades rígidas o denitivas, ni que
tampoco que los procesos más creativos, activos, sugerentes y emergentes
a un nivel alternativo, se den por hecho, ya hayan llegado y estén en su
mejor estado o calidad reconocibles.
3. Decantando al “hilo” político como lente
3.1. El camino hacia lo público: la mirada cientíco-social
A partir de los 90 del siglo XX, pero con más intensidad e hincapié a
inicios del presente, las disciplinas humanístico-sociales retoman –como eje
de interés– el contacto y proceso comunicativo que pueden establecer con
sus destinatarios sociales, desde un abordaje más detenido y reivindicativo
de sus lenguajes, narrativas, tradiciones, expectativas, receptividades
discursivas, agendas y búsquedas de entendimiento, en el contexto y
marcos de convivencia en los que ocurren como terreno de origen. Se
plantean ello, en contraposición al apartamiento y auto-encierro que habrían
terminado por abrazar, desde el siglo XIX, por medio de una especialización
y sobre-especialización; lo cual es retratado metafóricamente con la gura
del intelectual apostado en su “torre de marl”. Así, con tal recomposición
del camino, llaman la atención de que, además de su veta especializada-
técnica, ahora le hacen lugar a su dimensión pública como generadoras
y comunicadoras del conocimiento ante la sociedad. De modo que, bajo
esa premisa, explícitamente agregan a esta corriente de acción cientíca
esa denominación como adjetivo: surgiendo, por ejemplo, la antropología
pública, la sociología pública, la losofía pública, las humanidades públicas,
la historia pública, la ciencia política pública, y así por el estilo (Bakewell,
2024; Berkowitz y Gibson, 2022; Calhoun, 2004; Putnam, 2003).
4
3
Con más detalle, éste es un recorrido –de ida– que hace la academia como divulgación cientíca
(vía una escritura cívico-política; uno de sus varios registros) para arribar a la esfera cívico-política,
aterrizándolo sobre los ciudadanos, representado en la Figura 1 por la echa azul; tras haber abrevado
y captado los signicados y experiencias del ámbito público-social. (El recorrido inverso, vía la línea roja,
no es algo aún abordado aquí.)
4
Los antecedentes en el siglo XX de lo que se llama el giro público, como tendencia adoptada en ciencias
sociales y humanidades, puede rastrearse en varios ejes de impulso. Por cuestiones de espacio, sólo
destaco, por ejemplo, los aportes iniciales de Alvin Gouldner en su “La crisis de la sociología occidental”
(1970) y en el caso de ciencia política, las experiencias, discusiones y aportes que dieron paso a la
“Nueva Ciencia Política” (Barrow, 2017).
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Desde un trazo amplio, sopesar el eje público como ejercicio
comunicativo, e incluso crítico discursivo, en la sociología –como disciplina-
quehacer, para poner un caso–, a juicio de Michael Burawoy (2004) en
lo que él denomina sociología pública, abrió un horizonte multifacético.
Bajo su formulación, tal rasgo no sólo consistiría en un empuje expansivo,
sino en una coproducción simbólica entre actores. (O, al menos, a ello se
buscaría llegar.) En ese sentido, el análisis crítico o ejercicio profesional, e
incluso el planteo de criterios a solicitud del cliente (como las consultorías
de políticas), no son sucientes. Principalmente, lo previo no basta si lo
que se tiene en mente es arribar a un compromiso de aprendizaje/diálogo
generativo con lo social; incorporando al actor como agente humano y a la
transformación de sus condiciones prevalecientes desde una perspectiva
a su vez humanista y crítica.
La formulación de Burawoy generó una amplia apertura hacia un
abordaje de la dimensión pública en sociología y en otras disciplinas sociales
e incluso humanistas; así como también levantó un revuelo de inquietudes
y cuestionamientos. Entre las críticas que se le hicieron, destacan aquellas
que ven en su concepción sobre la dimensión pública un esquema no
sólo limitado sino incluso soportado monolíticamente sobre un proyecto
ideopolítico: el socialismo;
5
al margen o con exclusión de otras corrientes
y versiones sobre lo público que provengan del sector gubernamental y/o
del privado, o de la misma sociedad civil en toda su extensión y diversidad,
en clara competencia, choque o búsqueda de consensos entre sí. En
contrapartida, se ha sostenido que una dimensión pública en ciencias
sociales es una veta más multifacética y complejizadora –permeando a
cada una de esas disciplinas–, además de congruente con, y que se vería
propiciada por, los principios de un modelo político de carácter democrático
que sea: pluralista, abierto, crítico-argumentativo y éticamente sensible-
receptivo, al generarse hacia/con/desde los actores sociales.
5
Por ejemplo, a partir de lo que Calhoun (2005) observa en la concepción de sociología pública de
Burawoy, puede extraerse estos apuntes críticos: i) su explícita inclinación cargada sobre el marxismo
(y la izquierda en general) dentro del ámbito sociológico, es algo que entraría en contradicción con una
apuesta crítica, abierta y universal, dirigida a elevar el avance intelectual-político en distintos escenarios
sociales (incluyendo a las universidades); y, ii) el vínculo de lo previo con una visión idealizada y
compartimentada de la sociedad civil, resta valor a una identicación de sus conexiones-refuerzos con
otros ámbitos en un contexto social amplio, en aras de impulsar una “sociología pública que articule las
posibilidades de un mejor Estado, un mejor mercado y una mejor sociedad civil” (p. 362) [La traducción
es mía]. En una veta afín, Martinelli (2011) sostiene: “Burawoy argumenta que el papel público de
los sociólogos debería estar enfocado hacia la defensa de movimientos colectivos y en hacer de los
sociólogos públicos los héroes de una sociedad civil idealizada que luchan de manera permanente
contra las maldades de los Estados y los mercados”. “Esta postura (…) es innecesariamente restrictivo
(sic). Las ciencias sociales, como cualquier otra ciencia, no son una forma de activismo político, sino
un arte cientíco que construye un tipo de conocimiento que es simultáneamente empírico y crítico” (p.
303).
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De todas esas ramicaciones puestas de maniesto en lo simbólico-
ideacional, práctico-material u organizacional-operativo, la manera de
construir modos convencionales de llegar comunicativamente a las
audiencias (vía el registro escrito) que pauta el meta-discurso de un
modelo interaccional (Kashiha, 2022; Pearson y Abdollahzadeh, 2023)
–concebido como centro de gravedad, y por considerar uno de tantos
otros ancos de un conjunto mayor–, no es sólo una cuestión técnico-
transmisora en un sentido denitivo y acabado, inmune a cualquier
expresión o posicionamiento sobre los proyectos político-sociales en
los que se desenvuelve-acerca-distancia-deslinda-dene el cientíco
social. Por el contrario, en ese “recorte” topical concurren y se cuelan,
mayormente de forma velada e incluso subrepticia, una serie de visiones,
juicios, orientaciones, decantamientos, advertencias y, transgrediendo
a las vías previas, tomas de postura abiertamente establecidas, pero
también silencios, complicidades, posposiciones reexivas (causadas por
la perplejidad), cómodas complacencias y apartamientos tranquilizadores
ante el conicto o las controversias (Loughlin, 2024); todas ellas en referencia
a nuestra posición, ejercicio e impacto como ciudadanos-actores políticos
que se “miden” ante sus “politeyas”, “leviatanes” (Hobbes), corporaciones
medievales, “ogros lantrópicos” (Octavio Paz), poliarquías (Robert Dahl) o
más convencionalmente denominados como Estados modernos (o bloques
políticos regionales, como la Unión Europea).
No se trata de sugerir que cada tema sobre el que investigamos y
publicamos debe tener siempre una faceta política o que lleve a remitirnos
a su abordaje desde la perspectiva que pone ante a sus ciudadanos
y gobiernos. Tampoco que lo académico como esfera especializada
de construcción-formación-renamiento del conocimiento, deba ser
abandonada y sustituida por una actividad cientíca volcada sobre una
misión denodadamente politizada o militante; u orientada a reducirse a
una suerte de “ingeniería” política-social a disposición de los poderes.
Ante un dimensionamiento de lo cívico-político desde las ciencias sociales,
incluso habiendo explicitado las inclinaciones político-ideológicas de su
proponente, si se asume desde una visión abierta, crítica y pluralista; en
ningún caso se espera que ella sea partidista, sectaria o ideologizada. Por
el contrario, es un ejercicio que distingue las condiciones políticas que se
estudian poniendo en diálogo (o cotejo reexivo) los valores detectados
con sus orientaciones propias, y plantea, de ser el caso, vías alternativas
imbuido por éstas, consciente de sus aportes y límites o fronteras
compatibles/irresolubles con otras distintas a las suyas, sin considerarlas
dogmas o “camisas de fuerza”, ni barreras para aceptar ciertos hallazgos y
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análisis ilustrativos de cursos políticos que, aun cuando no se compartan,
son plausiblemente constatables desde lo que destila lo estudiado.
Como académicos, de los cientícos sociales se espera una indagación
sistemática, rigurosa y convincente sobre contextos especícos, en
variadas esferas de la sociedad contemporánea. Dentro de ese perl,
como se indicó antes, hay una intervención e inuencia que concierne a
las dimensiones culturales y simbólicas de una vida cívica y política, en las
que estamos involucrados desde un rol como ciudadanos e individuos. No
obstante, esta condición ciudadana no es una “piel” que opera inconexa
o remotamente con respecto a la posición que nos dene como actores
académicos e intelectuales.
De manera que, si nos asumimos como foco de atención reexiva o
auto-analítica –dicho de manera coloquial: si nos auto-observamos–, por
el papel que nos corresponde no sólo como estudiosos e investigadores,
sino también como profesionales y agentes intelectuales o culturales que
contribuyen con sus reexiones, entendimientos, motivaciones hacia un
abordaje más crítico sobre un entorno, propuestas de cambio sectorial/
sistémico, o facilitaciones próximas de la mano de los actores de base,
para la asunción organizativa, movilizadora o inuyente sobre la política
de los estados, con miras a su avance signicativo en derechos, recursos
y capacidades de poder, tenemos a nuestra disposición e incluso más que
ello, una parte intrínseca de nuestro desenvolvimiento e identidad es el uso
del lenguaje (escrito y/o hablado) para dejar en registro esas posibilidades
comunicativas en un espectro amplio de vinculaciones que van de la
academia a la sociedad (y viceversa).
Nuestra misma escritura como cientícos sociales, está permeada
de códigos simbólicos en clave cívico-política. No obstante, sus lógicas
o racionalidades, son poco sopesadas, por lo elusivas e insospechadas,
como vías evocativas o expositivas para entender una sociedad. Sus
simbolismos, ya sea muy expresivos o más parcos e incluso planos, ya
traen consigo elementos de ordenación, acentuación temática, proximidad
insinuada o explícita (dirigida al integrante de un auditorio de referencia),
distanciamiento adversarial o conictual, tono valorativo de lo dado-
establecido y proyección imaginativa-performativa ante lo esperable, entre
otros dispositivos discursivos disponibles o construibles.
Cabe advertir, por otra parte, que la relevancia del uso del lenguaje
(en el caso de este ensayo, con énfasis sobre lo escrito), no proviene de
una recuperación teórico-práctica del posmodernismo, ni de los estudios
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culturales que, en especíco, se plantearon esa línea de indagación.
Más bien me interesa el lenguaje escrito como un conducto dinámico y
contextualizado, con alcances, declives, potencialidades o riesgos en el
ámbito de la agencia humana, e insertado en unos marcos institucionales
de soporte o resistencia; a partir del cual, en tanto una de sus lentes entre
otras, entender/afrontar las condiciones de calidad en la cultura, debate y
conexión públicas con la democracia y derechos humanos. De ahí que mi
base teórica, de modo central, recurra a la lente de la CR. En ese sentido,
mis anotaciones y vías de sugerencia que vierto, se sitúan dentro de un
ejercicio de sociología política del lenguaje (Price, 2019), en diálogo con
la perspectiva indicada al inicio: la ciudadanía retórica (Andersen, 2023;
Hauser, 2004; Kock y Villadsen, 2012, 2015, 2017; Rees, 2023; Rountree,
2022).
Por otra parte, plantear estas consideraciones discursivas sobre el
lenguaje académico y público que caracterizaría al cientista social, de
ninguna manera tiene un n en extremo restrictivo y tampoco moralista. Ni
mucho menos. Pretender alcanzar ello, no sólo deviene en algo irrealista,
sino también sería un claro despropósito y contrasentido. A mi juicio, la
libertad de investigación/académica, el libre pensamiento, la capacidad
crítica y la divulgación cualicada y comprometida ante nuestros públicos,
son rasgos compatibles entre sí, además de que entre ellos tienen cabida
toques diversos y modulables de ironía, sarcasmo, humor, agudeza creativa
e incluso un registro crítico-reexivo desde lo autobiográco, en un sentido
literario de las manifestaciones que cada uno se permita o desee agregar.
(Retomaré, en parte, estas conexiones previas más adelante). De lo que
se trata es de concienciarnos del rol de agentes cívico-políticos por lo que
decimos, cómo lo decimos, en diálogo/discusión con quiénes, partiendo
de qué premisas y en pos de qué marcos prácticos e ideacionales, al
responder al contexto político-cultural vivido –y compartido con otros que
son nuestros congéneres y conciudadanos– en un desarrollo democrático
concreto como condición y posibilidad.
La escritura que brota de posicionamientos propios sobre una realidad
sociopolítica que se tiene al frente día a día, pone sobre el horizonte
creativo del autor –que la irá plasmando en su “hervor constructivo” por
generarse– una serie de ingredientes (los cuales al articularse tendrán una
cierta ordenación “sobre el papel” en su forma física: el texto escrito), entre
los que destacan: i. la cotidianidad atestiguada; ii. el diálogo-conversación
directa o frescamente establecidos con interlocutores de base (o también
conocidos como ciudadanos de a pie); iii. la actuación ritualizada o encarnada
corporalmente, por parte del burócrata de calle (o funcionario de contacto),
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mediante gestos, señalizaciones, advocaciones, posturas, motivaciones,
inhibiciones o modulaciones verbales para el caso; iv. la atmósfera percibida
y captada en sus capas moldeadoras del entorno convivencial (cercano
o adyacente), pautada –por ejemplo– en la circulación, concurrencia
o prohibición de espacios en los que caminar, permanecer, reunirse o
presenciar; v. las advertencias y promociones visualmente expuestas en el
entorno físico (aches o paneles) o mediante documentos (guías, folletos,
reglamentos) para trazar la conducta ocialmente esperada, y, vi. los
materiales asimilados biográcamente o por la inuencia escolarizada/auto-
aprendida que se haya recibido y procesado. Se trata de elementos que,
integrados creativa y reexivamente en un todo, permiten retratar-expresar
tanto un estado de cosas como la deseabilidad de algo proyectivamente
edicante o constructivo, con respecto a lo que no se tiene o haría habitable
el con-vivir una existencia individual y colectiva. Este cuadro congurativo,
articulado desde lo vivencial-intelectual en nuestra historia moderna
contemporánea, ha tenido desarrollos signicativos, a partir de los aportes
de algunos autores clave del siglo XX y más recientes, y a los que valdría
la pena considerar.
3.2. Visiones desde la escritura. Dos modelos intelectuales ante la
política
En este apartado recurro a las obras de dos escritores e intelectuales
ejemplares, cuyas vidas y perspectivas ofrecen una profunda comprensión
del poder y la responsabilidad de la palabra escrita. El primero es el lólogo
y lingüista Victor Klemperer (1881-1960), quien soportó el aislamiento y la
persecución del régimen nazi con un compromiso inquebrantable con su
ocio y sus principios. El segundo es el dramaturgo y escritor Václav Havel
(1936-2011); una voz disidente que dispuso de su arte y su reexividad
individual-civil para impulsar un viraje en el destino político de su nación.
6
Aunque sus experiencias y sus contextos dieren, estas guras
comparten una dedicación fundamental y vívida al recurso de la palabra
escrita como una fuerza para comprender e impulsar el avance político,
junto al compromiso cívico que ello requiere de las personas (Power, 2017;
Power y Ryan, 2017). Por ello, como intelectuales que enfrentaron desafíos
enormes, sus escritos encarnan una sabiduría ganada con esfuerzo que
6
Además de los textos principales de los autores examinados, consulté fuentes que se reeren a ellos
desde una perspectiva crítico-reexiva; considerando sus contextos, signicaciones y legados. Para el
caso de Klemperer recurrí a: Barbe (2007), Brennan (2017), Curthoys (2014), Johnson (2000), López
(2024), Oette (2017), Puchner (2021), Remaud (2000) y Turpin (2010). En cuanto a Havel, acudí a:
Boroumand (2014), Brennan (2023, 2017), Furnell (2022), Grandio (2022), Hammer (1995), Montesinos
(2016) y Popescu (2012).
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tiene una anidad con los temas aquí explorados; principalmente, si de lo
que se trata es de abordar el rol del saber intelectual con conciencia social
y agudeza reexiva, orientado a fortalecer el discurso democrático.
Tabla 1
El intelectual público y su entorno político: un abordaje desde la escritura
Nota: elaboración a partir de textos principales (fragmentos) de los
autores.
Al reexionar sobre los legados de estos personajes, pretendo situar el
eje de este ensayo dentro de una tradición más amplia de involucramiento
literario y político (véase la Tabla 1, para una esquematización de algunas
de sus ideas clave vertidas en sus obras principales). Como quien los lea
se dará cuenta, sus ejemplos subrayan la profunda inuencia que puede
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ejercer la escritura experiencial y a la vez comprometida socialmente, en
particular a la hora de moldear la consciencia cívica de los ciudadanos
en sociedades democráticas. De este modo, Klemperer y Havel emergen
como faros del potencial iluminador que reside en la intersección entre lo
intelectual y lo político, aunado a lo socio-histórico.
Por tanto, si se requiere de un sustento iluminador y crítico, para
orientarse en este tema: el intelectual ante su entorno sociopolítico, habría
que ir más allá de una literatura especializada. Uno de esos aportes valiosos,
por su legado vivencial y humano, además de claricador, profundo y
accesible, sin una recurrencia a nociones ajenas a lo público, es el que nos
dejó el lólogo alemán Victor Klemperer. Lo relevante en la vida-obra de
este pensador es que en él conuyen las duras circunstancias de su época,
a partir de las experiencias de abuso, control, trato indigno/discriminatorio,
persecución y ostracismo a las que fue sometido por su condición de judío
durante el nazismo (como régimen político en Alemania en el siglo XX),
junto a su impulso creativo por sobrellevar tal situación a partir del uso
testimonial en secreto de su pluma; registrando tanto las facetas cotidianas
de esos avatares como las reexiones y cuestionamientos que ello le
suscitaba, en serio deterioro del lenguaje político-social orquestado desde
las esferas del poder en detrimento del conjunto social y constatable entre
los individuos como personas y ciudadanos.
Por el momento histórico-cultural que hoy se vive, el legado de Klemplerer
resuena como un referente clave. Sus lecciones, desde un ajuste
contextualizado, permiten caracterizar-afrontar la situación de deterioro del
lenguaje público y la deriva regresiva o erosiva que ello genera; respecto a
las condiciones cívicas, agentivas y político-institucionales de un ejercicio
democrático en las sociedades. Sucede que este lenguaje, como vehículo
discursivo y catalizador de narrativas expositivas o moldeadoras de las
capacidades político-culturales de una sociedad, no es un rasgo aislado
ni supercial de todo ello. Al contrario, es un vector clave que anuda esas
dinámicas, desde lo coyuntural y estructural, en torno a nuestros procesos
relacionales, valorativo-simbólicos e institucionales.
Con respecto a un lenguaje que queda sometido a un uso manipulador
y tergiversador por parte del poder político (en su caso, el régimen nazi),
Klemperer (2001) reere que:
Las palabras pueden actuar como dosis ínmas de arsénico: uno las
traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de
un tiempo se produce el efecto tóxico. (2001, p. 31)
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En este lólogo y lingüista, hay una invitación reexiva y ética a estar
en un constante estado de alerta, dirigida no sólo a los intelectuales –a
partir de su responsabilidad al escribir sus textos– sino al conjunto de
personas como ciudadanas y seres humanos, para impedir llegar a ese
deterioro y desnaturalización del lenguaje; o cuando menos para ponerse
en resguardo de sus efectos, cuando deriva en esa ruta, escrutándolo y
desmontando sus enredos.
En general, la obra de este autor
7
deja como contribución una serie de
perspectivas valiosas que, si bien se sitúan en la etapa referida, permiten
formular lecturas sobre la cultura política contemporánea; al recuperarse su
enfoque y dialogar con las caracterizaciones e inquietudes ahí plasmadas
a la luz del acontecer actual.
Considero que, en el caso de los cientícos sociales, algunas lecciones
clave del trabajo de Klemperer son: a) en cuanto al lenguaje, él dio cuenta
de cómo los cambios en su uso pueden reejar y moldear ciertas dinámicas
sociales. Dentro de ello, los cientícos sociales pueden aprender a prestar
atención a la evolución de patrones lingüísticos existentes, en tanto
indicadores de tendencias sociales, políticas y culturales de mayor calado;
b) este autor también reparó en el poder de las modicaciones lingüísticas
sutiles, observando cómo alteraciones aparentemente menores en el
lenguaje podían tener efectos profundos en el pensamiento y conducta
de las personas. Así, al estar pendiente de ello, los cientícos sociales se
harían conscientes de las formas sutiles en las que el lenguaje inuye en
el discurso y percepción públicos; c) el análisis crítico es un ejercicio de
permanente preservación: en efecto, su meticulosa documentación sobre
los cambios lingüísticos durante el nazismo puso de relieve el valor de
la observación crítica sostenida. Los cientícos sociales pueden recurrir a
este enfoque para el análisis del uso contemporáneo del lenguaje en los
medios de comunicación, la política y el discurso público; d) en conjunto, su
trabajo nos recuerda que el ejercicio intelectual también trae consigo una
responsabilidad ética central, de modo que se puede aprender a ser más
conscientes de ello, empezando por el uso que hacemos del lenguaje y por
su impacto en la comprensión y opinión públicas; e) la posibilidad de un
encuadre inter y transdisciplinar, por ejemplo, aprendiendo cómo él combinó
lingüística, historia y experiencia personal en sus análisis. En efecto, este
7
Principalmente, LTI. Notizbuch eines Philogen [LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un lólogo]
y Ich will Zeugnis ablegen bis zum letzten: Tagebücher 1933-1945 von Victor Klemperer [Quiero dar
testimonio hasta el nal (2 tomos): I. Diarios 1933-1941. II. Diarios. 1942-1945]. Los títulos referidos antes
entre corchetes, son las traducciones al español que publicaron editoriales distintas, y corresponden a
las ediciones de 2001 y 2003, respectivamente. Éstas fueron las que se consulté para la elaboración
del ensayo.
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enfoque puede inspirar a los cientícos sociales a recurrir a diversos
campos para enriquecer su comprensión y comunicación de fenómenos
sociales complejos; f) desde su expresión comunicativa se identica, como
rasgo distintivo, una escritura accesible: efectivamente, escribió en un
modo que le resultara entendible a un público amplio, a pesar del carácter
académico de su trabajo. Los cientícos sociales, que buscan interactuar
vía su escritura en la esfera pública, tienen en él un modelo al cual emular;
g) el valor de lo cotidiano como registro documental es también un acto
muy presente en sus obras (sobre todo en sus diarios, o en las que luego
sistematiza con mayor sentido analítico): Así, los diarios devienen en base
de lo que escribe, como fuente clave para examinar la vida en su entorno.
Tal enfoque anima a los cientícos sociales a considerar los aspectos a
veces mundanos de la vida social, ya que de ahí pueden surgir saberes y
criterios sugerentes sobre ella; h) otro elemento destacable de su trabajo es
el sello que emana de la voz personal, más allá de su carácter académico:
de hecho, la inclusión de experiencias personales de Klemperer en su
trabajo académico maniesta cómo tal narrativa personal enriquece al
análisis, además de hacerlo más próximo, perceptivo e impactante a ojos
de un público más amplio; y, i) la relevancia de mantener siempre avivada,
armada y atenta como una “llama” inapagable a la luz del espíritu crítico: no
sólo ante regímenes de claro signo totalitario (de derecha o izquierda), sino
también en contextos democráticos amenazados por fuerzas o limitaciones
internas, o presiones-enemigos externos, impulsándolas a socavar sus
alcances, e incluso a verse incapaces de surgir ahí donde sus contenidos
son nuevos, para los actores en varios planos colectivos.
Situado en otro contexto socio-histórico, pero aún en el siglo XX y
compartiendo con Klemperer el hecho de ser un ciudadano que vive bajo
un régimen totalitario (de tipo comunista), la perspectiva sociopolítica que
es rescatable de Václav Havel (2013)
8
para los nes de este ensayo, es la
del activista disidente y más tarde político. Además, de que es alguien que,
por su origen profesional (es dramaturgo y ensayista cultural), también
incorpora el componente crítico de un modo central; vía sus discursos,
maniestos, peticiones y memorias: el rol de intelectual público –uno
que había luchado contra el totalitarismo, para luego asumir un papel
protagónico en la política como presidente de su nación–.
En Havel, los roles mencionados coexisten e incluso se refuerzan
entre sí. En todos esos ámbitos, resulta bastante ilustrativa, por lo
vibrante, esclarecedora y accesible, la fuerza expresiva de su escritura;
8
Uno de sus libros centrales es Moc bezmocných; escrita en checo. En español, se consultó la traducción
aumentada (“El poder de los sin poder”), publicada en 2013.
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principalmente, por el ejercicio que con ella despliega y trasmite en torno
a los signicados sociales, simbólicos e institucionales que se requieren
cultivar en aras de construir una cultura política democrática, en respuesta
a su contexto, retos y limitaciones como un país federal que reúne a dos
naciones (y que luego seguirán su rumbo por separado).
El núcleo de la concepción política de Havel, es la responsabilidad de
las personas como factor esencial de su pensamiento y acción: aquella
impulsa su denición ante la sociedad/el Estado que conforman (o que las
condiciona). Desde ahí derivan, como pilares medulares, la autenticidad
–que son capaces de activar ante sí mismas y ante tal Estado-régimen; a
partir de lo que denomina “vivir en la verdad”–, y el ejercicio de la política
desde la ética y consciencia como faros de los actos, decisiones y visiones
del ciudadano ante el poder estatal. Dotados de esas fortalezas personales
e impulsos colectivos, los individuos son(serían) capaces de poner en jaque
al poder establecido, cuestionando sus cimientos, abusos y continuidad
como un sistema formal e ideológico.
En efecto, a través de la autenticidad personal son capaces de alinear
las acciones propias con sus creencias-valores. Lo cual implica no sólo
estar en desacuerdo en lo privado con el sistema, sino vivir abiertamente
en línea con sus convicciones; además de fortalecer la trama de una
sociedad civil, en lo colectivo –vía la resistencia civil no violenta, que
se plasmaría con una serie de formas de crítica: por ejemplo, mediante
iniciativas educativas independientes, exposiciones de arte no ociales,
publicaciones clandestinas, entre otras–.
Verdad y mentira son rasgos que los ciudadanos han de tener
permanentemente en su radar como actores civiles-políticos ante el
sistema de poder que enfrentan. Mediante la primera rearman el valor y la
consciencia que los dignica como personas. En cambio, con la segunda
ejercen un rechazo a la manipulación, y ponen al descubierto con denodado
coraje el carácter opresivo del régimen; resistiéndose a seguir sus rituales
y dictados, propalados ideológicamente como si fueran inamovibles.
Como recurso inseparable para exponer sus ideas y diseminarlas entre
sus conciudadanos la escritura de Havel, a partir del marco ideacional
y práctico previo, devino en una vía expresiva rme, inspiradora y
motivante para los roles que ellos (los “sin poder”) asumían, junto a sus
redes paralelas, símbolos, mensajes y resistencias abiertas al monstruo
totalitario que querían derribar –dejándolos desfondado y al desnudo por
sus manipulaciones, mentiras y atrocidades que lo denían como orden
político en la sociedad checoeslovaca–.
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3.3. El lenguaje en la política contemporánea. Implicaciones de los
legados previos
Lo expuesto por Klemperer y Havel resuena de manera relevante con lo
que vivimos más recientemente; con respecto al uso político del lenguaje en
el marco de escenarios democráticos y autoritarios a nivel global. Salvando
las distancias históricas particulares, por tanto, una tarea relevante
consistirá en identicar y releer tanto esas condiciones como perspectivas
en las últimas décadas a la luz de sus miradas, claves e interrogantes.
La política contemporánea se revelaría como punto de conuencia de
muchas exigencias reivindicativas o escenario bullente, en los que sectores
del ámbito social alertan avivadamente, con presiones y embates, a las élites
hegemónicas, cómo un lugar en el tejido social al que no han accedido, o que
están a punto de perder irremediablemente, está en el centro de su interés y
de la atención pública más amplia. Ello ocurre mientras como contrapartida
el núcleo dominante se aferra a su posición directiva y estratégicamente
anclada en la especialización-tecnocratización, o, aunque reconozca la
necesidad de refundar a gran escala los sistemas existentes, no atina a
articularse por mismo ni en una cohesión amplia con diversos sectores
para generar proyectos habitables, inclusivos, viables y (re)constructivos
del panorama actual.
Bajo esas premisas, por el contrario, lo que se atestigua es una
tendencia muy extendida e intensicada hacia una autocratización de los
sistemas políticos y a otras vías extremistas o divisivas, en clave populista
(en su mayoría de derecha), jalonadas en parte por la anterior y también
por los desatinos del mismo proyecto efectivamente plasmado por algunas
democracias contemporáneas, subordinadas al fundamentalismo de
mercado y al desfondamiento de sus bases legales y socio-políticas (que
hubiesen posibilitado un mejor ejercicio de los derechos humanos y del
Estado de derecho a sus gobernados).
Junto a esa inercia e impulso en ascenso de las visiones más
beligerantes y particularistas en los términos planteados, hay una
deliberada conguración que se ha dado en llamar la era de la post-verdad
–surgida, sobre todo, con mayor notoriedad e ímpetu a partir de 2016; bajo
el contexto del Brexit y el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos–,
y desde una visión epistemológica (pero que resulta endeble en las
bases interpretativas que se plantea) (véase a Enroth, 2023); consistente
en adoptar lenguajes no sólo no democráticos sino claramente anti-
democráticos en el horizonte de las conversaciones públicas entre actores
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sociales, políticos, mediáticos y culturales. Se trata, desde el abordaje
epistemológico referido, a favor de la post-verdad, de un panorama de
(des)legitimaciones discursivas y narrativas o conjunto de imaginarios
que saturan/enrarecen la escena mediática, conversacional y deliberativa,
con base en claros mecanismos de información errónea, desinformación,
hechos alternativos y fake-news (Recuero, 2024; Tufa et al., 2024).
Apartándose de estas premisas, asimiladas casi de inmediato como los
marcos de caracterización sobre el origen y la dinámica recientes acerca
del lenguaje-discurso políticos, en el escenario de desarrollo tecnológico
que lo intensica, a partir del uso de las redes sociales, el politólogo Henrik
Enroth asume una posición un tanto distinta sobre ese diagnóstico. Él pone
el centro de sus reexiones en la crisis de autoridad, y no en el fenómeno
de la post-verdad como tal, como encuadre para entender las condiciones
político-culturales recientes; ampliamente resaltadas por la reemergencia
sobre la vida política de tendencias como las de la extrema derecha, el
negacionismo y los grupos pro-teorías de la conspiración. Desde su
entender, se trata más de una cuestión política y no epistemológica. En
sus propios términos, él sostiene que:
…estamos atestiguando una creciente desconexión entre lo que las
personas pueden presenciar en sus propias vidas y lo que consideran
reconocido e institucionalizado en la política, la economía, el derecho
y la cultura. De ese modo, los bienes prometidos –movilidad social,
libertad, igualdad de oportunidades en la vida, prosperidad y
democracia– pueden ser aspiracionales sólo hasta cierto punto, sólo
por un tiempo y sólo para una cantidad determinada de personas,
antes de que las promesas pierdan su fuerza convincente.
Como consecuencia de dicha desconexión, es decir, en ausencia
de vínculos que unan, la autoridad es fácilmente reducida por los
desencantados y sus portavoces nominales a simple poder, a las
instituciones en las que se ha conferido autoridad, y así quienes hablan
y actúan en nombre de estas instituciones son fácilmente reducidos a
élites y expertos que ejercen su poder a distancia y a expensas de los
desencantados. En este punto, como sabía Arendt, la autoridad ya ha
fallado. (2023, p. 190) [La traducción es mía]
Esta postura arendtiana de Enroht, se propone un entendimiento más
profundo de los factores que permitirían aclarar las razones por las que
estamos no sólo en un proceso de deterioro del lenguaje político-cultural,
sino también de implosión estructural e institucional de la política y la
sociedad como las habíamos conocido; sin que se perciba una posibilidad
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de maniobra o redirección a la vista, que sea más estabilizadora y que
articule a los actores en torno a una dinámica, sino armónica por lo menos,
previsible y auto-limitante en torno a sus demandas, tensiones y conictos.
En los últimos tiempos, en pleno siglo XXI, una colección de
caracterizaciones priorizadas por ciertos gobiernos, actores privados,
movimientos de protesta, e individuos en lo particular, emergen desde
las esferas gubernamentales, ámbitos corporativos, espacios callejeros o
las llamadas redes sociales; entrando en una extendida y pocas veces
escrutada circulación en la escena social y política. Bajo el uso recurrente
de términos como “seguridad nacional”, “estado de excepción”, “técnicas
de interrogatorio mejoradas”, “régimen de transformación”, “justicia social”,
“bien común”, “cancelación”, “otros datos”, “hechos alternativos”, “grandeza
de la patria/nación”, “élites corruptas”, “sabiduría del pueblo”, “nueva
normalidad”, entre otros (López, 2024), se enaltecen idearios totalizadores
o maximalistas, alineándose en bloques partidistas o coaligados por
anidad ideológica que se aíslan y cohesionan ante otros de similar
construcción que proceden igual frente a los anteriores. Los sectores que
entre éstos llegan al poder e incluso actores en lo particular, que asumen
esas orientaciones, no sólo están en una posición privilegiada para
difundir sus plataformas y deniciones, sino también ganan terreno entre
el tablero del poder para establecer los términos de las agendas e infundir
sus prerrogativas e inuencias sobre las institucionalidades democráticas
establecidas, erosionándolas, tergiversándolas y trastocándolas con
implicaciones inquietantes y temerarias.
Ello ocurre en un contexto cuando menos sombrío, erosionador y
amenazante que se cierne sobre las fuerzas democráticas, liberales y
progresistas a nivel global. Se trata de una corriente pública de inuencia
discursiva en donde concurren visiones extremistas, reaccionarias,
identitarias, desinformativas y polarizantes (Bartels et al., 2023), sin que
muchas veces los ciudadanos de a pie reparen en su grado de penetración
y el tipo de riesgos sistémico-simbólicos que generan, o pueden llegar
a descontrolar, en los arreglos sociopolíticos de carácter democrático
constitucional.
Ante un escenario así de enrarecido, regresivo y deteriorado en su
condición cívico-democrática, los cientícos sociales necesitamos redirigir
la mirada sobre y compromiso con el lenguaje, poniéndonos al frente de
esferas públicas circundantes a tal ejercicio y más allá de ellas (Pazzanese,
2023; Renwick y Fieldhouse, 2023; Zhang, 2024). Una primera capa de
involucramiento es aquello que llega a consistir en (o provenir ya de) un
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interés previo sobre esta área temática, o como parte de un abocamiento
cientíco, intelectual y/o profesional más. Indistintamente de lo previo, lo
cierto es que –como segunda capa– contribuimos, inuimos, participamos
e incluso nos aislamos o desapegamos como investigadores o agentes
inuenciadores, al comunicar contenidos política y civilmente orientados
hacia la vida social amplia, estemos o no conscientes de ello.
4. Desglosando escenarios: voces hacia una arena democrática
Después de este recorrido conceptual y biográco-histórico, surgen
estas preguntas más orientadas a la acción resolutiva: ¿Qué se lleva de
mismo y con qué se encuentra/agrega para el cientíco social cuando
se inserta en plena arena pública o en espacios políticos? ¿En qué sentido
y medida este reposicionamiento impacta sobre sus modos comunicativos
de dirigirse a sus destinatarios, vía el uso de su pluma?
Entre la producción empírico-teórica y las tareas informativas o expuestas
en acciones de política pública, en el marco de sectores diversos del quehacer
político-gubernamental –o político-social en sentido amplio–, los cientícos
sociales se desenvuelven generando contenidos comunicativos de los
signos más variados; con diversos grados de alcance y penetración socio-
cultural entre sus conciudadanos y sectores de élite. Más recientemente,
resaltando la oportunidad que brindan los blogs y el envío de tweets (hoy
posts en la red X) desde el ciberespacio, Patrick Dunleavy (2004) considera
que en ello subyace un nuevo paradigma de comunicación académica que
valdría considerar por sus alcances amplios y signicativos, al conectar
a los académicos con diversos actores sociales. Además, puntualiza que
los cientícos sociales “tienen la obligación ante la sociedad de contribuir
con sus observaciones al resto del mundo” (Dunleavy, 2014, párr. 3) [La
traducción es mía].
Más allá de si el tópico en mención recaiga explícitamente en (o se
aleje de) lo que se considerarían cuestiones relativas a lo cívico, público,
político o gubernamental-directivo, sus expresiones reejadas por escrito
o de modo oral, revelan una postura propia (o más inuenciada por
sesgos), una proposición de ordenación conceptual-práctica a considerar
en la escena social, un posicionamiento respecto al lugar de lo individual-
colectivo, y un sentido pedagógico informal sobre qué se sugiere valorar,
reforzar, cuestionar, respaldar, acreditar o concienciar, desde nuestro juicio
y acción para el cambio, transformación o preservación por considerarse
valioso en lo social.
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Que estos elementos se formulen, inhiban, canalicen e impulsen, e
incluso se limiten o expandan en sus alcances de difusión, es un asunto
toral sobre el que tarde o temprano como actores intelectuales, políticos
y sociales tendremos que hacernos cargo. El modo en que se escriban al
respecto, si se trata de este género dentro de lo académico o espacios de
corte divulgativo que partan de tales agentes disciplinares, bajo los más
variados formatos, medios, mecanismos, comunicabilidades, contrapartes
dialogantes, audiencias, e infraestructuras de transmisión y/o deliberación,
forma parte de un ecosistema de diseño y orientación de sus sentidos nales
como aterrizaje e inuencia en los discursos cívico-políticos de todos los
ahí implicados; y no sólo bajo modos autorreferenciales y unidireccionales,
sino en vías incluso multidireccionales, recursivas y dinámicas.
Otro punto distinto es abordar la calidad de estos procesos y rasgos,
y dimensionar si los cursos que siguieron fueron apropiados, sostenidos
y deseables, en aras de valorar formas alternativas de tratamiento hacia
cometidos o proyectos preconcebidos o potencialmente mucho más
sugestivos. En denitiva, no existe un repertorio exhaustivo ni tan abarcador
que integre las directrices de asunción en los modos de escribir, desde
un ángulo político-divulgativo, en el lenguaje –o la proyección discursiva–;
susceptible de exhibirse por parte de un sector como el de los cientícos
sociales. E incluso es probable que tal colección sea innecesaria y hasta
indeseable, además de inviable. Lo que pueden ensayarse, en efecto,
desde la experiencia siempre propia e imaginativa, son esbozos o trazos
que permitan sugerir una suerte de marco referencial en torno a ello.
Desde mi perspectiva, tales vías especícas de expresión, por medio de
lo escrito, que cubren como atmósfera discursivo-simbólica, la postulación
de planteos políticos tras los análisis temáticos o topicales que realicemos
(independientemente de su naturaleza disciplinar o sectorial a desplegar),
y que habría que contemplar con explicitud y sentido reexivo-propositivo,
son:
Considerar las ideologías o inclinaciones políticas que están en juego
sobre el terreno, como parte de las condiciones prevalecientes que se
han identicado y se ponen bajo cuestionamiento.
• Ya sea que se trate de cuestiones fácticas y/o ideacionales, sobre
las que los mismos estudiosos hayan realizados estudios dirigidos a
audiencias especializadas, o que revisen-complemente-discrepen con
los generados por sus otros pares, y que ahora quieran trasladar a un
terreno público amplio, lo aconsejable es exponer el abordaje que ello les
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planteó al revelar sus sesgos y marcadores biográcos, principalmente
en su condición de posturas ideo-políticas de origen (Shermer, 2024);
sopesando en qué medida estos elementos interrieron, posibilitaron,
fueron materia de suspensión provisoria, o concurrieron junto a otros
criterios equilibradores en el proceso investigativo realizado, y qué
ángulos acaban iluminando u oscureciendo actualmente para postular
ciertas reexiones sobre el examen e involucramiento sociopolítico
desde tal visión vertida sobre el tópico de interés, su diálogo-aprendizaje
con sus contrapartes ideopolíticas y el engarce dialógico comprensivo
que potencialmente puede suscitar poniendo al frente a las voces
locales, ciudadanas, individuales e interpersonales, con las que logre
conectarse en sus colectividades respectivas.
• En un plano comunicativo más directamente establecido con el
ciudadano-persona, lo sugerible es que del registro escritural emane
una suerte de proximidad vívida, o intimidad conversacional con las
situaciones experienciales que son identicables en el día a día de tal
actor, y que el escritor/a intuya por empatía socioemocional, o recupere
de fuentes cualitativas primarias. En ese sentido, lo que se deriva aquí
es una suerte de diálogo inter-subjetivo que desde una mirada particular
el intelectual o académico de las ciencias sociales logra construir a
partir de haber pulsado la vivencialidad de los otros ciudadanos, sino
como estar en su piel o zapatos, cuando menos desde una sensibilidad
namente situada en sus biografías y entornos circundantes.
• Otro nivel de registro escritural con lo público-social, se corresponde
con la escena creativo-cultural. En ésta tenemos que realizar una
inmensa tarea de aprendizaje y plasmación; en donde resalte el enfoque
cientíco-social, pero desde las claves del lenguaje de ese terreno (por
ejemplo, desde lo dramatúrgico, cinematográco, literario, museográco,
gráco-visual, multimodal, entre otros).
En la interface entre lo político y lo cívico-social, los actores y grupalidades
de soporte como profesionales, defensores, promotores, consultores,
facilitadores y otros, requerirán de una serie de proposiciones,
esclarecimientos y sugerencias organizativas-estratégico-programáticas
que les permitan mediar la potenciación de voces y respuestas que traen
o conguran los actores de base; con miras a abordar, movilizarse, inuir
y transformar sus condiciones sociopolíticas iniciales hacia un horizonte
más emancipador, democrático y constructivo, o cuando menos habitable
y más pleno.
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A n de cuentas, la escritura de los especialistas en ciencias sociales,
ya sea para propósitos académicos o para nes cívico-políticos, tiene un
impacto signicativo en la conguración del discurso público dentro de
una sociedad. En efecto, a través del ejercicio que realizan, mediante la
investigación, el análisis y el pensamiento crítico, con la escritura orientada
a mejorar el discurso cívico y político de una comunidad (Fuks et al., 2017;
Gonzalez-Mohino et al., 2023; Sibbett, 2016) –sobre la cual se puso el foco
de atención aquí–, tales intelectuales pueden contribuir a la divulgación
del conocimiento e ideas que inuyan en la opinión pública, la educación
política y la formulación de políticas. En particular, sus desarrollos tienen el
potencial de provocar importantes discusiones y, además, lograr un cambio
tangible o simbólico en las normas y valores sociales. Si ya desde su
faceta académica, con su escritura tales estudiosos emergen como fuerza
impulsora que inuye sobre el avance y la transformación sociales; desde
la escritura orientada hacia el ámbito cívico-político, lograrían con mayor
acento no sólo inuir en el discurso público, sino también destacarían
por jugar un papel central en el moldeamiento del panorama político más
amplio de una sociedad.
Con cierto detenimiento, puede detallarse un poco más lo anterior.
Mientras con la escritura estrictamente académica, salen a relucir el rigor
y un abordaje basado en la evidencia, lo cual conere credibilidad a las
ideas y argumentos presentados, a la vez que ello puede impactar sobre
las decisiones tomadas por los responsables políticos y el público (Slack,
2022); con la escritura cívico-democrática, en cambio, se puede contribuir
a dar forma a un conjunto de narrativas sobre tal o cual asunto (o derribar
a otras de tipo regresivo u obtuso), proporcionando una plataforma para
el análisis en profundidad y la exploración de los problemas sociales; de
manera que, al hacerlo así, estarían propiciando un compromiso crítico
de las personas hacia temas complejos (que les conciernen directa o
indirectamente), a la vez que buscarían fomentar una elevación del nivel
de discurso político que se tenga.
Vista en un sentido abarcador, la escritura cívico-democrática de
los cientícos sociales sirve como una suerte de catalizador para el
cambio social, al arrojar luz sobre cuestiones apremiantes que emergen
colectivamente; al mismo tiempo que ofrece perspectivas alternativas, y
desafía a las normas y estructuras de poder existentes. En concordancia
con esa orientación, también sobresale como un rasgo de ella el carácter
interdisciplinario que traen en conjunto: mediante esta articulación dialógica
(tras vincular diversas campos o áreas), con su escritura tales cientícos
estarían fomentando un entendimiento holístico de cuestiones sociales
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complejas; lo cual los conduce a involucrarse en discusiones informadas
e intervenciones políticas en condiciones de captar y abordar los desafíos
sociales subyacentes.
En suma, desde lo que implican los modos de escritura desplegados por
tales especialistas, plasmados mediante artículos académicos, artículos de
opinión, publicaciones en las redes sociales, memorándums, esquemas
de política o análisis socio-legales, posturas divulgativas reejadas en
entrevistas o como parte de algún equipo de realización cultural (artístico,
cinematográco, museal, entre otros), ellos juegan o están jugando un rol
central en la construcción y sentido que llega a tener un discurso político
dentro de la sociedad.
5. Anotaciones nales
Este ensayo reunió un conjunto de notas esquemáticas, en las que me
propuse reexionar sobre el lenguaje escrito desde las ciencias sociales
orientado a un público amplio; considerando el aporte y las limitaciones
de ese ejercicio a la generación de un discurso democrático desde unos
modos comunicativos centrados en lo político y lo civil.
A partir de lo planteado hasta ahora, subyace un modelo de escritura
signicativo y encauzado constructivamente hacia propósitos cívicos y
agentivos en clave democrática. Pero sucede que, más probablemente,
estemos aún lejos del umbral de esa exigencia. Es más: aún persiste con
predominio y resistencia al cambio, en gran medida, el viejo y cuestionado
modelo verticalista y autorreferencial del intelectual como faro exclusivo
que ilumina e impulsa vigorosamente a sus públicos, vistos como ávidos
de su saber e inuencia cultural. Con ello, resalto tal asunto en términos de
su direccionalidad y potencia o debilidad, e incluso inutilidad.
Desde otro lado, incluso estaría en tela de juicio si es en la universidad
–como ámbito institucional, organizativo, cultural y simbólico, más idóneo
en la actualidad–, tal como hoy se encuentra, donde el modelo alternativo
esté siendo (o deba ser) arropado para volcar sus mayores aportes
y posibilidades. Más bien pareciera que aparte de ya no ser, si alguna
vez lo fue, ese el terreno germinal e impulsor de tales nes relevantes,
otros espacios resulten ser más dinámicos y creativos, e incluso si sus
agentes más aanzados y avanzados individualmente (en su condición de
intelectuales), se hayan formado en la universidad. Por lo que resultaría que
no es ahí donde éstos generen/vuelquen sus mejores ideas, propuestas
y marcos propositivos, sino en entornos alternos a esos recintos en los
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que se educaron en lo académico y profesional. (Éste es un motivo para
reexaminar lo andado y prevaleciente, y abrirse a una apuesta por un nuevo
modelo de vinculación entre academia y sociedad.)
En general, puede concluirse que: a) esa dimensión pública de tal campo
disciplinar resulta relevante como eje de involucramiento intelectual al
motivar, abrir e impregnar con su visión en los procesos simbólico-culturales
de las esferas cívico-políticas ahí instalados; aun cuando por delante le
queda por afrontar importantes asignaturas pendientes, en términos de
comunicabilidad accesible, uida, reconocible y valorada por los actores no
académicos a los que intenta llegar e impulsar; b) los procesos de inserción
comunicativa, pedagógico-no formal y formativo-discursivos lanzados
desde recintos especializados (universidades, centros de investigación,
fundaciones, think-tanks), también podrían revisar sus cursos seguidos de
ida con retroalimentaciones de vuelta, al participar del cultivo de saberes
y expresión de experiencias desde los actores sociales asentados sobre
el terreno; c) la politicidad como eje transversal de estas interacciones,
entrelazamientos y co-construcciones dialógicas es una veta o lente medular
para articular las participaciones disciplinares, focalizar sus ángulos y
reintegrarlas en un marco comprehensivo más abarcador e inteligible de
los procesos identicados e interpretados como escritura asumida por los
cientícos sociales; d) la necesidad de reconocer, contextualizar e interrogar
a la luz del momento actual, a modelos de escritura plasmados por actores
inuyentes por su liderazgo, experiencia vivencial o calidad expresiva de
sus posturas, como en el caso de Klemperer y Havel –quienes además de
su perl intelectual y político, aportan una densidad biográca única, desde
el abordaje de su época y de la cercanía sociopolítica que vivencian con
sus congéneres en ese horizonte histórico–; y e) la provisión de estas claves
interpretativas y lecturas sociohistóricas, operarían como recordatorios
para que las ciencias sociales reexaminen su involucramiento comunicativo
y proyectivo como actores intelectuales que, desde una CR, exponen
sus posiciones ante la sociedad –inuyendo en parte en la conguración
particular de sus discursos/prácticas democráticas y los marcos civiles de
entendimiento/sensibilidad que acompañan a éstos–, en una búsqueda por
plasmar mejores estrategias de comunicación, entendimiento, educación-
pedagogía y reexividad orientadas hacia/con los sectores ciudadanos. (Lo
último, no es un limitante, sino por el contrario la otra cara de la moneda
por atenderse –lo que en la Figura 1 se representó con la echa roja–. A
partir de ésta, como retorno, se reconoce la posibilidad de incorporar las
expresiones comunicativas-epistémicas generadas desde el saber de esos
públicos; bajo distintos tipos de registro, lo cual incluye, pero no se limita,
a lo escrito.)
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En el centro de estas discusiones, está en juego cómo se percibe el rol
público que asumen o se proponen asumir las ciencias sociales. Como
anota Isaac (2015), respecto a la ciencia política, al valorar un modelo que
él sugiere plasmar –la búsqueda de una ciencia política que sea reexiva,
relevante, accesible y pluralista– se remueve un tejido que involucra a
varios componentes: a) la contribución a una esfera pública, bajo o con
la modulación de ella como disciplina, además de compartir tal arena con
actores como periodistas, líderes y ciudadanos, b) la visión integradora
que se sea capaz de articular, más allá de las sub-disciplinas del campo en
conjunto; c) el pluralismo posicional-reexivo, propositivo y metodológico
que ahí se logre desplegar y entrelazar; d) el compromiso con la relevancia
pública en el abordaje de asuntos ligados a los intereses ciudadanos,
como apuesta que desborde constructivamente un foco excesivo en el
rigor técnico-metodológico; y, e) el potencial aporte, desde ese impulso, al
fomento de un dialogo abierto y crítico en foros a los que llegue o propicie.
Por último, dejar una nota tan optimista, tal vez no sea el mejor modo de
cerrar un ensayo, enfocado en la crítica abierta junto al examen biográco,
como éste. Sin embargo, me gustaría acudir a una metáfora como recurso
simbólico para resaltar las “voces” que nos denen como sujetos narrativos
–y humanos integralmente– operando en un marco colectivo en el que
hay acompañantes sociales, que con sus copartícipes de ese “viaje”, en
alerta o no, a esos mensajes, además de que comparten la necesidad de
pronunciarse, escucharse (y hacerse escuchar), coneren una respuesta
a los que los dirigen como gobernantes de esa empresa colectiva o
comunidad política llamada Estado. Los ciudadanos estamos dentro de
ese “barco” (evocativo de una organización política en la que se soporta un
destino colectivo), que recorre aguas y temporales con ritmos y condiciones
variados, a la par que a él lo conducen ciertos miembros de la “tripulación”
con distintos status, funciones y límites (capitán, timonel, contramaestre
y marineros), y ocurre que mientras éstos acometen sus necesidades-
intereses-proyectos ante las(os) nuestras(os), nos encontramos en un
espacio-foro (“cubierta principal”) para dialogar, deliberar y conversar sobre
su manejo, bondades, ajustes, contingencias y vicisitudes en aras de un
recorrido cohesionador y habitable.
La realidad, es que mientras se imponen vicios, inercias, distorsiones
y dilaciones, por un lado, y embates incontrolados del entorno, por otro,
y los ciudadanos de a pie intentamos aprender y cultivarnos en el camino
para construirnos como unos agentes deliberantes más aanzados;
también captamos, recurrimos o necesitamos apoyarnos en expresiones,
evaluaciones, impulsos, recomendaciones o referentes comunicativos
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que nos habiliten mejor como interlocutores en esa esfera cívico-política
(encarnada en la “cubierta”). Dotados de esas saberes especializados,
informativos e investigativos, los comunicadores, docentes, creadores y
cientícos son los sectores mejor preparados, en parte, para aportar en el
aspecto antes indicado. Por ejemplo, la “pluma” que ejercen, dentro de sus
varias actividades, mediante el lenguaje escrito, deviene en un conducto
de los rasgos comunicativos indicados.
Hasta ahí todo pareciera estar claro como ordenación claricadora de un
sistema existente que, sin más, nos acompaña en lo cotidiano e histórico; lo
hizo y lo hará con otros. Pero, este ejercicio trae consigo también un valor
simbólico y una fuerza política que, en manos, ideas y actos apropiados,
podría convertirse en un “catalizador” inspirador, estimulante y expresivo,
capaz de impulsar vocaciones y compromisos insospechados, procesando
el riesgo inherente que impregna al conjunto, para anar su condición cívico-
política y prepararlos para “naufragios”, bien calibrados reexivamente y
acometidos activamente como un todo.
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