Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
Análisis crítico del libro “Karl Marx en el siglo XXI.
Crítica y alternativa a la fractura capitalista del
metabolismo natural y humano
Critical analysis of the book “Karl Marx in the 21st
Century. Critique and alternative to the capitalist
fracture of natural and human metabolism
Herico Gabriel More
Muñoz
Coordinación de Gestión
Social, Panamerican
Silver-UM Shahuindo,
Cajamarca, Perú
hericogabriel@hotmail.com
ORCID: 0000-0002-5241-
5123
DOI: https://doi.org/10.704
67/acs.v2n1.6
Recibido: 29 de agosto de 2025
Aceptado: 27 de noviembre de 2025
Sección: Análisis y debate
Cómo citar: More M., H.G.
(2025). Análisis crítico del libro
“Karl Marx en el siglo XXI. Crítica y
alternativa a la fractura capitalista
del metabolismo natural y
humano. Alternativas en Ciencias
Sociales, 2(1), 87-98.
Abstract. Camilo Valqui Cachi’s Karl Marx in the 21st Century (2024) is critically
examined for the validity and limits of classical Marxism amid contemporary capitalism’s
complexity. The book attributes the current civilizational crisis to the rupture of natural-
human metabolism, advocating communist revolution as a historical horizon. However,
this analysis warns that rigid reliance on traditional categories (alienation, class struggle,
capital, state) hinders understanding of new dominations like biopolitics, financialization
of life, and cognitive labor. It urges reinterpreting the capital-labor contradiction to include
plural subjects precariat, feminists, indigenous, ecologists while nuancing
capitalism’s total enslavement by acknowledging its role in critical knowledge and
technologies. Revolution should be an open, situated process, especially in Latin America
via community and territorial struggles challenging state centrality. Ultimately, it proposes
a plural, repositioned communism linked to alternative life paths and critical debate
transcending reductionist Marxist strains, refocusing urgent topics.
Keywords: history of ideas; capitalism; currents of Marxism; concept
analysis; publics debate.
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Resumen. El libro Karl Marx en el siglo XXI. Crítica y alternativa a la
fractura capitalista del metabolismo natural y humano de Camilo Valqui
Cachi (2024) es examinado desde una perspectiva crítica que cuestiona la
vigencia y los mites del marxismo clásico frente a la complejidad del
capitalismo contemporáneo. Dicha obra sostiene que la crisis civilizatoria
actual deriva de la fractura del metabolismo natural y humano, proponiendo
la revolución comunista como horizonte histórico. Sin embargo, el análisis
aquí desarrollado advierte que la insistencia en categorías tradicionales
(enajenación, lucha de clases, capital, Estado), desde ángulos restrictivos
o rígidos, limita la comprensión de nuevas formas de dominación, como la
biopolítica, la financiarización de la vida y el trabajo cognitivo. Se subraya
la necesidad de resignificar la contradicción capital-trabajo, incorporando
sujetos plurales como el precariado, movimientos feministas, indígenas y
ecologistas. Asimismo, se matiza la visión totalizante del capitalismo como
mera esclavización, reconociendo en parte su papel en la producción de
saberes y tecnologías críticas. El texto enfatiza que la revolución no debe
concebirse como un acontecimiento único, sino como proceso abierto y
situado, especialmente en América Latina, donde las luchas comunitarias
y territoriales cuestionan la centralidad del Estado. En conclusión, se
propone un comunismo plural y reposicionado, articulado con rutas
alternativas de vida y con un debate crítico que supere un decantamiento
reduccionista de algunas vertientes marxistas más que otras, y que por otro
lado motivan un reenfoque de tópicos hoy acuciantes.
Palabras clave: historia de las ideas; capitalismo; corrientes marxistas;
análisis conceptual; debate público.
Esta densa obra teórica en lo filosófico y político circunda su mensaje en
lo tradicional del marxismo revolucionario. Así mismo, bajo ese punto de
partida, articula su mensaje entre el pensamiento marxista clásico y la
crítica al capitalismo contemporáneo. Para ello, sustenta su tesis central en
la fractura capitalista del metabolismo natural y humano; la cual es
comprendida por el autor Camilo Valqui Cachi (2024) como una crisis
civilizatoria que amenaza la supervivencia de la especie y del planeta. En
las siguientes líneas trataremos de abordar desde una perspectiva crítica
la relevancia teórica, metodológica y política del texto.
1. Crisis civilizatoria y límites del marxismo clásico
La lectura política de Valqui Cachi hace referencia a la superación de la
racionalidad capitalista, la cual nos menciona exige una reconfiguración
estructural del Estado; dicha transformación no se limita a modificar
instituciones, sino a replantear la legitimidad misma del poder; con ello,
según el autor del texto, se articulará un horizonte comunal que priorice la
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vida y la reproducción ampliada de las condiciones de existencia.
Desde esa óptica, categorías harto conocidas por los sociólogos como
enajenación, fetichismo, lucha de clases, capital, Estado, derecho y
colonialismo son referidas repetitivamente a lo largo de este capítulo y
aunque configuran conceptualmente un punto de partida para el análisis de
la decadencia civilizatoria, son presentados como elementos inamovibles y
únicos que nos orientarían hacia la comprensión del sistema capitalista;
restringiendo así la comprensión de la crisis y su dinamismo, y no
atreviéndose a optar por categorías de un nivel mucho más
contemporáneo, que no se ciñan a la tan recurrida referencia de la lucha
de clases como “motor de la historia” y que reduzcan el análisis al conflicto
ya conocido entre capital y trabajo.
A diferencia de lo postulado por el autor aquí examinado, me adscribo
con un planteo consistente en anotar que, en un contexto actual, deberían
recrearse las categorías anteriormente señaladas y tomar en cuenta que si
bien estas explicaron en su momento una determinada sociedad, ahora
deberíamos revisar y cuestionar dichas categorías; pues existe una
sociedad post marxista que se ha construido sobre la subjetividad, la
hiperrealidad, la gobernanza, el pluralismo jurídico entre otras categorías
que han dejado atrás la comprensión de la sociedad desde la
industrialización y centralidad del trabajo, para dar paso a la producción del
conocimiento. Así, por ejemplo, Butler (2004) propone la subjetividad como
una construcción performativa que se reconfigura en contextos de poder,
dando cuenta de que la contemporaneidad debe ser analizada desde la
dirección estratégica. Desde otro abordaje, también Lazzarato (2004)
aborda el entendimiento del capital no solo desde la producción material,
sino desde el conocimiento, la atención y las emociones; a su modo de ver,
“el trabajo cognitivo es la fuente principal de valor en el capitalismo
contemporáneo” (Lazzarato, 2004, p. 12). Otro ejemplo para el análisis y a
partir de un clásico de la sociología que plantea a mi entender cuestiones
muy contemporáneas, serían las lecciones de (Foucault, 1976) sobre el
poder y su análisis sobre como este se ejerce a través de la vida y la
normalización, s allá del aparato estatal clásico. Dicho autor formula
este postulado: “la biopolítica es el momento en que la vida biológica entra
en el cálculo del poder” (Foucault, 1976, p. 143).
Por ello, hablar de la revolución comunista como necesidad histórica, en
los términos que mantiene Valqui (2024), nos aleja de la comprensión
actual de la sociedad y limita, privándonos de explorar posibilidades de
análisis que ayudarían a un mejor entendimiento del contexto. Considero
que, ante ello, es importante dejar en su lugar la utópica concepción del
Marxismo como elemento teórico insoslayable y vigente, y apostar por una
teorización más amplia. Ésta, más allá de llevarnos a ser “publicistas del
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capital” (p. 56), nos animaría a recrear/tamizar la teoría marxista en un
contexto actual para una mejor interpretación de Marx y el capitalismo,
desde la apertura a un diálogo, asunción integradora y debate con otras
perspectivas crítico-analíticas.
Somos claros al manifestar que la crisis contemporánea del capitalismo
no constituye un episodio aislado, sino una expresión histórica del
agotamiento estructural del sistema. Valqui Cachi sostiene que dicha crisis
forma parte de una dialéctica profunda que articula barbarie, fetichización
y decadencia civilizatoria. No obstante, ampliar esta discusión exige
considerar que hoy la violencia sistémica opera de forma más compleja y
menos visible: se expresa no solo en la explotación económica sino
también en la captura de la subjetividad, la administración tecno política de
la vida y la mercantilización de los vínculos sociales.
Para un mayor análisis de esto, se pudieron incorporar dentro del texto
categorías que permitan comprender cómo el capitalismo del siglo XXI
opera por medio de dispositivos biopolíticos y necro políticos, gestiona
poblaciones, produce desechabilidad humana y profundiza desigualdades
globales. Si hay algo que resaltar es el énfasis en la crisis ecológica,
presente en el libro de Valqui; de modo que dicho análisis podría articularse
con enfoques que observan la devastación ambiental como un síntoma del
colapso del metabolismo capitalista con la naturaleza. Esto revela que la
práctica devastadora capitalista no se presenta únicamente como
destrucción material, sino también como un orden que erosiona las
condiciones mismas de reproducción de la vida.
Así, para ampliar nuestro entendimiento de la dominación
contemporánea deberíamos acudir a un diálogo y comprensión con las
perspectivas feministas, decoloniales y comunitarias; entre otros, pues ello
nos permitirá tener una relectura de la revolución, no como un
acontecimiento per se, sino como un proceso continuo de constante
reorganización de la vida social.
2. Del antagonismo capitaltrabajo a las nuevas formas de explotación
“La contradicción capital-trabajo asalariado es una contradicción
universal y antagónica de clase, consustancial al sistema burgués” (Valqui
Cachi, 2024, p. 108), con esta frase el autor del libro reafirma la clásica
tesis de Marx que nos hace entender que el capital no puede existir sin el
trabajo asalariado, acercándonos a la enajenación del trabajador en el
proceso productivo. Al sostener lo previo, considero que su lectura puede
ampliarse al situar esta contradicción dentro de un entramado más
complejo en el que convergen diversas formas de dominación que se
reconfiguran en el siglo XXI. En un sentido similar, la centralidad del
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proletariado, afirmada por Valqui Cachi, debe revisarse considerando que
el capitalismo contemporáneo no opera únicamente mediante la
explotación del trabajo asalariado, sino también mediante la captura del
tiempo vital, la financiarización de la existencia y el control de las
emociones y afectos. Estas dimensiones, analizadas por distintos autores
contemporáneos, muestran que la enajenación no se limita al ámbito
productivo, sino que abarca la totalidad de la vida.
Este capítulo constituye tal vez el eje central del libro; sin embargo, es
redundante en su concepción orientada a utilizar, con suma reiteración, al
pensamiento marxista como herramienta para la crítica radical del
capitalismo contemporáneo; aun cuando es plausible darle cierto crédito al
sostenimiento de Marx, cuando dice que “el obrero pone su vida en el
objeto, pero ahora, su vida ya no le pertenece a él, sino al objeto” (Marx,
1982, p. 596), expresando así la enajenación del trabajador en el proceso
productivo.
La contradicción capital-trabajo en nuestra contemporaneidad se ha
complejizado con el surgimiento de nuevas formas de trabajo (digital, por
ejemplo). Así, la noción de “proletariado” debe ampliarse para incluir a
trabajadores digitales, trabajadores del conocimiento, población
endeudada y hasta “la nueva clase social”, denominada el precariado; cuya
fuerza de trabajo se explota de formas invisibles, pero igualmente violentas.
La lucha de clases se expresa así en múltiples escenarios: desde la disputa
por los datos y la privacidad hasta la resistencia de comunidades frente al
extractivismo.
El proletariado, mencionado tantas veces en el texto, y en especial en
este capítulo, no hacen más que resaltar una referencia única de sujeto
revolucionario y eje central del análisis del capitalismo actual; habida
cuenta de que, en contraste con lo previo, categorías como “multitud” o
“movimientos sociales” se ubican ahora como clase estratégica para una
comprensión más amplia, pues nos remiten no a un término reduccionista
sino un sujeto social plural.
Así mismo, la afirmación de que “la destrucción de la contradicción
capital-trabajo materializa el fin del capitalismo como sistema y como
civilización” (Valqui Cachi, 2024, p. 229), no toma en cuenta el proceso de
transformación que ha experimentado el capitalismo desde sus inicios
hasta la actualidad. En efecto, de esto dan cuenta varios autores.
Particularmente, resalto aquí por ejemplo lo mencionado por Lazzarato
(2004, p. 12) en estos términos: “el trabajo cognitivo es la fuente principal
de valor en el capitalismo contemporáneo”; aportando elementos que nos
hacen ver que la contradicción propuesta por la tradición marxista entre
capital-trabajo debe reconfigurarse, pues han aparecido nuevas formas de
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valorización como por ejemplo el trabajo cognitivo.
Insistir que “la revolución comunista […] tiene carácter complejo no
solamente por la composición de sus sujetos históricos y contemporáneos,
sino también por la complejidad de la lucha de clases en el siglo XXI”
(Valqui Cachi, 2024, p. 231) implica articular como reto una respuesta a la
dinámica de las luchas existentes, en consideración de sus configuraciones
más actuales. Sostengo ello, ya que a estas alturas no podemos limitarnos
a hablar únicamente de las contradicciones entre capital y trabajo; al
margen de otras vías y escenarios emergentes en la historia más reciente
de la humanidad. Por tanto, debemos abordar también otras formas de
contradicción y opresión como el racismo, el patriarcado, la colonialidad.
Para un mejor entendimiento de esto Quijano (2019, p. 260) nos dice que
“la colonialidad del poder es la matriz que articula raza, trabajo, género y
conocimiento”; por lo que con ello invita a alejarnos de la visión lineal del
marxismo y a que revisemos la problemática del capitalismo desde una
perspectiva interseccional.
Este capítulo en sus líneas finales nos deja un mensaje contundente:
“nada debe la humanidad y la naturaleza al sistema, al capitalismo, excepto
esclavización de los Seres Humanos y de la Naturaleza” (Valqui Cachi,
2024, p. 244). Esta frase nos hace ver cierta visión totalizante
predominante en el tono argumentativo del autor la cual es discutible, pues
el capitalismo, así como ha generado formas extremas de explotación y
destrucción, también ha posibilitado e impulsado mejores condiciones
materiales, saberes críticos, dinámicas sociales que han generado
tecnologías y conocimiento crítico. Si bien Valqui sostiene que el
capitalismo solo genera esclavización y destrucción, es necesario matizar
esta afirmación para elaborar una crítica s rigurosa Esto es algo que
debe ser reconocible dado lo complejo junto a lo multifacético y variable de
las lógicas sociohistóricas y que, más allá de los encasillamientos de cierto
marxismo, debe llevarnos a reflexionar sobre cómo podemos resignificar
esta teoría para transformar nuestra visión y entendimiento de Marx y su
propia teoría como legado. Resignificar la contradicción capital-trabajo
implica reconocer que la transformación social no depende exclusivamente
de un sujeto revolucionario único, sino de la articulación plural de
movimientos feministas, indígenas, ecologistas y trabajadores que
enfrentan desde distintos frentes las múltiples racionalidades de
dominación del capitalismo del siglo XXI.
3. Ontología de la vida y desafíos del comunismo plural
Al abordarse el tema de Karl Marx y el secreto del comunismo y del fin
de la compleja totalidad capitalista, el autor del texto se embarca en una
apuesta filosófica densa y ambiciosa, pues nos habla de Marx como un
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pensador radical en el que su crítica al capitalismo se articula desde una
ontología de la vida y una epistemología de la praxis. Desde ese enfoque,
la ontología de la vida implica una referencia al ser humano, no como una
abstracción, sino como un ser vivo que interactúa con otros y con la
naturaleza, y que en su decurso se ve “asaltado” por el capitalismo al
aparecer e imponer su lógica de acumulación, convirtiendo la vida en
mercancía; la epistemología de la praxis, por su parte, se entrelaza con lo
postulado en la famosa frase “los filósofos no han hecho más que
interpretar el mundo de diversos modos; de lo que se trata es de
transformarlo”. Ésta es una frase que redefine de manera radical el
entendimiento del marxismo y de todo conocimiento, pues nos hace ver en
tal reconocimiento del lugar de la transformación social, una consideración
del sentido concurrentemente complementario entre teoría y práctica; de
modo que solo un adecuado manejo de ambas transformará la experiencia
del entendimiento del capitalismo y permitirá construir bajo la mirada del
autor del texto un comunismo, en tanto sistema al que se aspiraría, como
una forma de existencia que supera la fragmentación moderna.
Es importante reconocer que la noción de “totalidad” no puede ser
asumida como un bloque homogéneo o cerrado. La totalidad capitalista es
un entramado dinámico compuesto por fuerzas contradictorias,
instituciones híbridas y subjetividades en constante mutación o traslape.
Desde esta perspectiva, la propuesta de Valqui Cachi de un comunismo
que supera la fragmentación moderna es sugestiva, pero debe matizarse
incorporando la complejidad de las múltiples mediaciones sociales,
culturales y tecnológicas que configuran la vida contemporánea.
Valqui Cachi nos acerca a su comprensión del comunismo como una
forma de organización social que permite transformar las condiciones
existentes y engendra las condiciones para superar al capitalismo; el
comunismo visto así no se limita a abolir el capitalismo, sino a transformarlo
desde una lógica completamente distinta. Para lograr tal transformación, el
comunismo necesita reinstaurar la racionalidad centrada en la
reproducción ampliada de la vida y terminar con la subordinación de la vida
al imperativo de la acumulación. El comunismo debe convertirse así, en
una forma de vida que necesita construir a partir de la práctica colectiva la
idea de que los individuos son productores de su propia existencia.
La ontología de la vida que se plantea en este acápite requiere ser
articulada con debates actuales sobre economía, sociología o políticas con
perspectiva crítica. La idea de que la vida ha sido concentrada por la lógica
del capital permite comprender la mercantilización generalizada, pero no
basta para explicar fenómenos como la digitalización de las sociedades, el
crecimiento de la ciencia algorítmica y su influencia en la transformación
social y de la financiarización de la sociedad, entre otros. Estas formas de
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control muestran que la subordinación de la vida no opera únicamente a
nivel económico, sino también en otros planos como el sensorial, afectivo
y cognitivo. Así, la epistemología de la praxis debe ampliarse para incluir
luchas que emergen desde territorios, cuerpos y subjetividades diversas.
En esta parte del libro, Valqui Cachi entra en contradicción con la mirada
evolucionista del marxismo, pues deja de ver al comunismo como una
etapa superior del desarrollo económico para abordar la emancipación del
sujeto más allá de la esfera económica e ir hacia la totalidad de la vida
social. Así se nos invita a pensar el comunismo desde la condición de
integridad del ser humano y la construcción de mundos más plurales y
sostenibles.
El comunismo contemporáneo entonces, tiene el reto de recomponer
vínculos sociales rotos por la modernidad capitalista y empezar a imaginar
y proponer nuevas instituciones que sostengan prácticas de reciprocidad,
cuidado y corresponsabilidad a todo nivel. En este punto, la tesis de Valqui
sobre la superación de la totalidad capitalista puede fortalecerse si se
reconoce que la emancipación requiere no solo transformar estructuras,
sino también descolonizar imaginarios y construir sentidos comunes que
afiancen una ética de vida plena.
4. Reforma, revolución y nuevas subjetividades latinoamericanas
Valqui Cachi continúa su libro reflexionando sobre la vigencia del
pensamiento marxista en un contexto tan cambiante como el
latinoamericano y en pleno siglo XXI; más allá de una revolución con
horizonte estratégico de transformación nos habla de una revolución
táctica. Sin embargo, al plantear así la dirección de asunciones a seguir
dentro de un ámbito de poder y subjetividad en aras de erigir un sistema
asumido como valioso y posible, considero que no se toman en cuenta los
desafíos políticos, los cambios sociales e incluso los cambios de
pensamiento a los que se enfrenta Latinoamérica de manera constante.
Así, la propuesta del autor, aunque provocadora, continúa anclada al
privilegio, la perspectiva histórica lineal y centralidad del Estado como
terreno decisivo de la lucha política. A mi modo de ver, esta perspectiva,
heredera de una tradición marxista clásica, resulta insuficiente para
comprender la heterogeneidad de los procesos políticos latinoamericanos
del siglo XXI, pues considero que la distinción entre reforma y revolución
se vuelve cada vez más borrosa; ya que la Latinoamérica del Siglo XXI
presenta escenarios híbridos: reformas que generan rupturas profundas,
revoluciones que terminan institucionalizadas e incluso decantándose de
modo anquilosado y regresivo, y movimientos sociales que producen
transformaciones sin pasar por la forma estatal.
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En refuerzo de sus planteos previos, el autor sostiene que la reforma no
puede ser concebida como un fin en mismo, sino como un momento
transitorio en la acumulación de fuerzas para la revolución; así, propone al
lector una afirmación asentada en la tradición marxista con una “dialéctica
radical” que articule la reforma como herramienta a ser usada por
movimientos populares y orientada al empuje que sean capaces de
sostener con miras a generar transformaciones amplias. Por otro lado, aun
cuando ya en capítulos anteriores se habla de la relevancia de una táctica,
la misma vuelve a ser abordada aquí, pero como un referente dirigido a
preparar las condiciones y/o a generarlas para lograr transformaciones más
profundas. Sin embargo, advierte también que estas reformas no deben
plantearse de manera aislada o inconexa, sino que deben estar ancladas
a una estrategia revolucionaria, pues de lo contrario solo se trataría de
mecanismos de contención y no de emancipación.
Se aborda también en esta parte del libro las luchas feministas,
indígenas y ecologistas como as que concurren hacia un elemento
cuestionador de la forma de hacer política, en clara alusión a que con ello
sobre todo se cuestiona la tradicional forma de hacer política
revolucionaria, pues en un contexto tan actual como el que vive
Latinoamérica es importante tomar en cuenta las nuevas subjetividades
políticas que han surgido en tales sectores, dado como tales ellas
trascienden la lógica clásica del proletariado industrial y se articulan a
demandas de género, territorio, cultura y autonomía; las luchas indígenas,
feministas y ecologistas no solo amplían el campo de la resistencia, sino
que cuestionan la idea de que la revolución debe orientarse hacia un único
horizonte estratégico. En muchos casos, estas luchas se articulan desde
lógicas relacionales, comunitarias y territoriales que difieren del imaginario
moderno de la revolución socialista. Por ello, estos movimientos deben
entenderse más allá del complemento táctico de una estrategia
revolucionaria unificada para evitar invisibilizar sus propias
racionalidades políticas; así por ejemplo Rivera Cusicanqui (2010, p. 23)
señala que “la revolución no puede ser una imposición desde arriba, sino
una construcción desde abajo, en la que los saberes y prácticas de los
pueblos originarios juegan un papel central”.
Pensar la reforma como medio y la revolución como fin requiere
incorporar los desafíos contemporáneos de América Latina: la expansión
de economías ilícitas, la captura corporativa del Estado, el salto digital y la
creciente fragmentación de las subjetividades. En este contexto, la
transformación social radical no puede depender exclusivamente de una
planificación estratégica centralizada, sino de una conexión dialógica y
deliberativa en torno a diversas prácticas sociales, redes comunitarias y
proyectos plurales que operan simultáneamente en territorios, instituciones
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y esferas culturales. Desde esta perspectiva, la revolución no es un destino
final, sino que podría perfilarse como un proceso abierto y de cambio
constante que desafía continuamente las formas establecidas de poder.
5. Comunismo situado y horizontes alternativos de vida
¿Reivindicar el comunismo en el siglo XXI?, pues si, en esta parte del
texto, el autor propone releer el comunismo no desde la visión
reduccionista de modelo económico, sino como una estrategia en el
complejo contexto sociopolítico que permita tomarlo como una forma de
vida, racionalidad alternativa y praxis transformadora; así, el comunismo
deja de proponerse como utopía futura y se vuelve una práctica de vida
presente. Valqui propone en esta parte del texto una visión más abierta y
compleja y nos hace ver que el comunismo se manifiesta en las luchas
cotidianas, en la organización comunitaria, en el surgimiento de economías
alternativas y en las resistencias territoriales que desafían la lógica del
capital.
Tal vez en esta parte, el autor del texto propone una visión más abierta
y se aleja de ese marxismo ortodoxo; así, cuestiona la universalización del
modelo europeo de revolución y asume la postura que Latinoamérica no
puede (o debe) seguir el mismo patrón que Europa, pues sus contextos
histórico-políticos son disímiles; en ese sentido Valqui Cachi reconoce que
la revolución comunista en América no puede ser pensada sin la
participación activa de los pueblos originarios, sus cosmovisiones y sus
formas de vida comunitaria.
El planteamiento del autor sobre un comunismo que se vive en el
presente requiere ser confrontado con debates contemporáneos sobre
‘poscapitalismo’, ‘neocomunalismos’ y ‘transiciones postextractivistas’, los
cuales evidencian que no toda práctica comunitaria constituye un germen
de ruptura con el capital. En muchos casos, las comunidades por mismas
o por ser tales están insertas en tramas de dependencia estatal, economías
híbridas o disputas territoriales que complejizan su potencial emancipador.
Valqui acierta al resaltar el protagonismo de los pueblos originarios, pero
su lectura podría ampliarse considerando que estas comunidades no
buscan simplemente reemplazar una forma económica por otra, sino
construir horizontes civilizatorios basados en la relacionalidad, el cuidado y
la defensa del territorio, dimensiones que desbordan el marco clásico que
está en el núcleo del marxismo.
Finalmente, al rechazar la universalización del modelo europeo de
revolución, Valqui plantea un acierto teórico, pero la crítica académica
demanda avanzar más allá de esta ruptura inicial. El desafío actual consiste
en pensar un comunismo situado, plural y no teleológico que articule luchas
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urbanas, territoriales, digitales y ecológicas en un contexto global
atravesado por un contexto económico y sociopolítico complejo y
cambiante. Reivindicar el comunismo en el siglo XXI implica no solo
rescatar su potencial transformador, sino también reconceptualizarlo desde
las múltiples formas de vida, saberes y resistencias que hoy disputan la
hegemonía del capital; junto a su diálogo con otras corrientes críticas y
progresistas, asentadas en un multiverso democrático más vasto,
constituido o por afianzarse de cara a los desafíos de nuestra época.
6. A modo de conclusión
Este texto nos hace ver que las categorías tradicionales del marxismo
siguen vigentes. Sin embargo, en cuestionamiento a esa recepción un
tanto pasiva o acrítica que asumiría en parte incluso el mismo autor, es
sostenible postular que un uso rígido y repetitivo así formulado, solo
deviene en una limitación de la comprensión de la dinámica actual del
capitalismo.
El comunismo al que se adhiere el autor en este texto, no es planteado
como el final del desarrollo económico, sino como una forma de
existencia que supera la fragmentación moderna.
El texto propone una “dialéctica radical” en la que la reforma es
entendida como táctica y la revolución como estrategia. Sin embargo,
se advierte que esta articulación reducida sólo a tal dicotomía en
genérico, y puesta en contraste con escenarios y temporalidades más
complejas y disímiles como las actuales, resulta insuficiente y
restrictiva: por tanto, debe considerar las nuevas subjetividades
políticas emergentes en América Latina, junto a sus logros
organizativos ya anticipados como microcosmos al nivel de las prácticas
e ideas actuales; sin que tenga que esperarse el “arribo” de un gran
escenario transformador como un todo.
Referencias bibliográficas
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Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber. Siglo XXI.
Lazzarato, M. (2004). Capitalismo cognitivo, propiedad intelectual y creación colectiva.
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Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos
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Valqui Cachi, C. (2024). Karl Marx en el siglo XXI. Crítica y alternativa a la fractura capitalista
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Guerrero.