
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Alternativas en Ciencias Sociales
Volumen
2,
N°
1
,
2025
74
consenso o fenómeno cultural, en palabras de Gramsci; como la
reencarnación de “El Príncipe” de Maquiavelo; como Leviatán, según Hobbes;
como hidra capitalista, de acuerdo a los zapatistas, o, como fetiche más
complejo y capital vuelto “becerro de oro”, con Marx (Piñón, 2006, pp. 34-37).
Como fenómeno complejo, el poder es forma y esencia al mismo tiempo;
subyace en las relaciones de dominación que, con su rostro de “invisibilidad”,
impedirá “que las víctimas de la violencia tomen conciencia directa de la
relación de dominación” (Han, 2016, p. 117).
El poder es fuerza, dominación violenta que funda la explotación; además,
es obediencia, mando, dictadura conquistada por medio de la violencia. Es,
concretamente, una relación peculiar entre los seres humanos, en la que los
términos de la misma ocupan posiciones desiguales o asimétricas (Sánchez,
2007, pp. 17, 18, 23, 29). Al mismo tiempo, se expresa a través de valores,
ideas y creencias. En suma, no se trata de una cosa, sino de una relación
social en la que unos mandan y otros obedecen. Y, justamente, es esa
multidimensionalidad y dinamismo que adquiere lo que le otorga su carácter
complejo, puesto que exige pensarlo en términos de relaciones, contextos y
procesos, como sustenta Morín.
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En el sistema del capital los mecanismos que utiliza el poder para ejercer la
opresión, la explotación y la dominación de clase se han acentuado y
perfeccionado. A decir de Sánchez Vázquez, ese poder de clase “[…] se
asienta en definitiva en la fuerza y en las instituciones destinadas a ejercerla.
[…] La dominación encuentra siempre oposiciones latentes o efectivas,
resistencias reales o posibles, que requieren del ejercicio de la fuerza. [por esa
misma razón] […] La historia hasta hoy ha sido relación de fuerzas en conflicto,
[…], o lucha de clases, como dijeron Marx y Engels en el Manifiesto
Comunista” (Sánchez, 2007, pp. 14, 15). En esta dinámica permanentemente
conflictiva, no hay punto real de convergencia entre los intereses de las clases,
pues mientras unos luchan por derechos humanos elementales (proletarios y
clases medias), otros luchan por mantener sus privilegios (burgueses).
Ahora bien, al igual que el poder y la dominación, en el siglo XXI la violencia
ha adquirido matices sistémicos, por lo que debe considerarse como un
“complejo real” que
[…] se manifiesta en las guerras y en todas las instituciones que las
soportan (ejércitos, armamentismo), en el ejército (obediencia irreflexiva
del soldado, castigos fuertes, autoritarismos, jerarquización), en la
economía (falta de recursos, explotación, discriminaciones,
marginación), en la política (dominio de uno o varios partidos,
totalitarismo, exclusión de los ciudadanos en la toma de decisiones, lucha
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La perspectiva epistemológica de Edgar Morín sobre la complejidad puede ser conocida a través de varias de sus
obras; recomendamos, específicamente, su “Introducción al pensamiento complejo”.