
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Alternativas en Ciencias Sociales
Volumen
2
,
N°
1
,
2025
22
En la segunda mitad del siglo XX eran sobre todo organizaciones no
gubernamentales internacionales, como ITDG/Practical Action (Sánchez,
2007) o la GIZ con el Programa de minicentrales hidroeléctricas en el
Cuzco (Rodríguez, 1991), las que impulsaron la electrificación
descentralizada o con capacidad de cubrir zonas aisladas en el Perú rural,
pues, fue la cooperación internacional el sector que más se preocupó en
las últimas cuatro décadas por el derecho a la provisión de energía para
todos.
Fue recién en el siglo XXI que, con el fin de promover la electrificación
rural desde el Estado, se creó el Fondo de la Compensación Social
Eléctrica (FOSE). Se trataba de un subsidio pagado por los usuarios
urbanos y de alto consumo para los usuarios rurales con consumo mínimo.
En conjunto, este consumo se reparte mediante las empresas
distribuidoras que cuentan con concesión del Estado (Ley N.° 27510,
2001). El FOSE resulta clave para poder instalar y mantener la red eléctrica
en la zona rural, justamente por el difícil acceso a estos lugares y la
simultanea falta de recursos de sus habitantes.
Paralelamente a esta expansión de redes, otra ruta de impulso proviene
de una apuesta realizada con alianzas público-privadas con el fin de lograr
instalación masiva de paneles solares en los lugares más remotos del país
(Carrasco et al., 2025, p. 11). Según Carrasco et al. (2025), estos dos
esfuerzos tienen en común la asunción de un enfoque “de arriba hacia
abajo”; lo que implica que hay una mínima participación de las autoridades
o comunidades locales, de modo que se trata de un enfoque que, por lo
tanto, ha cambiado poco desde la mitad del último siglo.
En paralelo a las continuidades políticas y el giro tecnológico por parte
del Estado, la cooperación internacional quedó sometida al influjo de
fuertes cambios en la electrificación rural. Hoy en día hay poca iniciativa
para la construcción de micro centrales hidroeléctricas y, junto al Estado,
se promueve el uso masivo de paneles solares. Esto ocurrió, sobre todo,
porque el costo de esta tecnología bajó considerablemente
(conversaciones personales, 2025). Al mismo tiempo, cabe señalar que su
instalación no requiere de tanta coordinación comunitaria como la
construcción de una central hidroeléctrica. Ya que, por más que los
proyectos de comunidades de energía, orientados a involucrarse en
acciones con energía renovable, como la eólica, la solar o la micro
hidroeléctrica, enfrentan algunos problemas similares, sobre todo en lo
concerniente a la viabilidad a largo plazo (Etienne y Robert, 2024), el agua
hace una diferencia significativa, debido a que, en específico, es un recurso
con muchos otros usos, significados y prácticas implicados. En concreto,
esto convierte a las microcentrales hidroeléctricas necesariamente en