
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Alternativas en Ciencias Sociales
Volumen
2
,
N°
1
,
2025
57
Y, esta tendencia solo se puede realizar a través de una conciencia
crítica, de clase, revolucionaria y mundial, imposible de forjarla por decreto,
con dogmatismos sectarios, de manera empírica, con esquemas y
experiencias que fracasaron, con proyectos que abandonaron la
radicalidad esencial que construyó Karl Marx, o con sujetos históricos
proletarios y en posición dominada amplia, e incluso fuera de la extracción
previa, que no fueron capaces de afirmar su compleja conciencia
revolucionaria, sin quedar subordinados a la profunda enajenación
sistémica y el fetichismo del capital que los explota y oprime,
desconociendo la compleja dialéctica real de la totalidad capitalista: una
civilización anti-humana y anti-natural en decadencia y descomposición.
Por esto, se debe desentrañar la esencia de la compleja realidad
dialéctica del capitalismo del Siglo XX y comienzos del siglo XXI,
caracterizado no solo por el alto desarrollo científico y tecnológico, sino
fundamentalmente por la complejización del capital y la fuerza de trabajo,
por la supremacía de las trasnacionales imperialistas en pugna geopolítica
por el cíclico reparto del planeta -atizando, a su vez, el riesgo real de una
conflagración nuclear mundial, de un “invierno nuclear” o de una “noche
nuclear”-, por la complejización de las clases, de la lucha de clases, del
sujeto histórico anticapitalista y de la revolución, no sólo en las nuevas
colonias del mundo, sino también en las mismas metrópolis imperiales,
incluso por las personas en condición de calle, así como por la
complejización y exacerbación de todas las contradicciones antagónicas
inherentes al capital (premisas de su fin) y centralmente de la contradicción
capital-trabajo (que entraña las ocultas contradicciones antagónicas del
capital-naturaleza y en última instancia de la contradicción capital-vida).
De igual manera, subrayando aún más, se vive una época de profunda
decadencia civilizatoria, con un imperialismo de imparable dialéctica bélica
nuclear, caracterizada también por: la exacerbación de los bloqueos
imperialistas, del boyante terrorismo de Estado, de la barbarie, del
fascismo, del anticomunismo, del ecocidio (o devastación global de la
naturaleza), de la trata de personas, de las pandemias sistémicas
neoliberales y de las más de 56 guerras de exterminio colonial (que Carlos
Fazio las identifica como los mataderos imperiales, en curso), como las de
Cuba, Afganistán, Irak, la israelí-palestina (este año, el número de mártires
ascendió a 100,000, entre ellos 11.815 mujeres y 50,000 niños y niñas;
además, unas 10,000 personas están desaparecidas bajo los escombros,
entre ellas 4.700 mujeres y niños), la de Rusia-Ucrania, la de Burkina Faso,
la de Somalia, la de Yemen, la de Myanmar, la de Nigeria, la de Siria y la
del Congo entre otras, escenarios de sangre y lodo, donde resplandece
como en los viejos tiempos de la acumulación originaria del capital la faceta
más cruda y destructiva de una racionalidad moderna, desbordando muerte