
Volumen
1,
N°
2,
2025
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Alternativas en Ciencias Sociales
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retrocesos son frecuentes y profundos.
En su contenido, el informe subraya que
el progreso previo a la pandemia no fue
lo suficientemente robusto ni arraigado
para resistir shocks, y que los logros
han sido, en gran medida, superficiales
y distribuidos de manera desigual, sin
construir una resiliencia genuina en la
población.
El concepto de “policrisis” es central
en el diagnóstico del informe. Las crisis
ya no son eventos aislados, sino que
interactúan y se retroalimentan; al punto
de exacerbar la incertidumbre. El índice
de incertidumbre en ALC se duplicó
desde 1990; por lo que se supera el
promedio global y alcanza un aumento
del 101% a inicios de 2025, frente al
77% mundial.
Esta sensibilidad extrema a las
amenazas globales evidencia la
precariedad de la región y su limitada
capacidad de absorción de shocks. La
incertidumbre, vinculada al miedo y a la
erosión de la libertad, tiene profundas
implicancias psicológicas, sociales y
políticas: favorece la fragmentación
social, la desconfianza institucional y la
emergencia de liderazgos populistas o
autoritarios; lo que genera debilidad en
la gobernanza democrática y dificulta la
construcción de consensos.
El informe describe cómo eventos
adversos y amenazas interactúan
de formas complejas e imprevistas
con vulnerabilidades estructurales
subyacentes -como la desaceleración
del crecimiento y la desigualdad-;
de modo que se genera un ciclo de
retroalimentación negativa que multiplica
los efectos de los shocks y agrava la
volatilidad del desarrollo regional.
Si bien se reconocen los avances
notables en reducción de pobreza,
consolidación democrática y vitalidad
social, el informe enfatiza la fragilidad
de estos logros. La pandemia expuso
debilidades estructurales; lo que
evidencia que el progreso cuantitativo
no estuvo acompañado de una
transformación institucional ni de
cohesión social suficiente para sostener
el desarrollo humano ante la adversidad.
La desigualdad persiste como rasgo
estructural, acentuada por la brecha
digital y la transformación incompleta
de la economía regional. Sólo el 2%
de la población tiene acceso a redes
5G (frente al 28% en economías
avanzadas), la banda ancha es cuatro
veces más costosa que en la OCDE, y
los hogares de altos ingresos tienen casi
el doble de acceso a internet que los
más pobres.
La economía digital y la economía
gig, lejos de corregir la informalidad, la
reproducen y perpetúan la exclusión
de grandes segmentos de la población
de sistemas de protección social y
seguridad laboral. La información sobre
la transformación digital revela que, si
bien la cobertura se ha expandido, no
ha garantizado un uso efectivo, y los
avances digitales, incluida la inteligencia
artificial, corren el riesgo de exacerbar la
desigualdad en lugar de mitigarla; con el
riesgo de crear nueva forma de “pobreza
digital”.
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