
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Volumen
1,
N°
2
,
2025
118
Alternativas en Ciencias Sociales
de haber sido capital de los incas, se ha tenido más dificultad para que
tengan éxito movimientos indígenas autónomos como en Bolivia, EEUU o
Canadá; movimientos que se distancian del Estado nacional y busquen su
propia soberanía. En el Perú, los movimientos indígenas que buscan
constituirse como “naciones indígenas” son realmente minoritarios y no han
tenido mucho éxito. No obstante, cuando en Puno, con su fuerte identidad
aimara, la gente se moviliza, saltan políticos a acusarlos de querer
separarse del Perú y buscar unirse a Bolivia.
Sobre el ensayo mismo, recomiendo ir más allá del título, que es sólo el
gancho para pensar el tema. El artículo tiene todo un rastreo de la
historiografía peruana, una crítica a la teoría de la dependencia, balances
en miniatura que aún considero válidos. Aunque tampoco creo que esté
ayudando a reescribir la historia o reinventando la rueda. Pero, una cosa
que tal vez se ha desactualizado en algo, que no suscribo con tanto
entusiasmo como entonces, es la idea de la democratización a través de la
cholificación del Perú. Se trata de una literatura que a comienzos de los
noventa, con Guillermo Nugent y su El laberinto de la choledad (1992),
hablaba de cómo el Perú ya no era el mismo después de Velasco. Este
Perú aristocrático sobre el que había escrito Basadre y donde los cholos
estaban excluidos, ya no tendría una élite que lo representara.
La idea de las migraciones masivas de la sierra a la costa, sobre las
que Matos Mar (1984) había escrito en su libro Desborde popular y crisis
del Estado, me sonaba a “nos están invadiendo los cholos”. Pero eso derivó
luego en trabajos a mi juico más interesantes que hablaban de las
migraciones de la sierra la costa como la “conquista de la ciudadanía”. Así,
en ciencias sociales se hablaba de este nuevo Perú construido con base
en estas migraciones. Se veía un proceso de democratización incluso de
las representaciones en televisión. Nugent señalaba que se veía cada vez
más en TV gente de extracción popular. Por ejemplo, en el programa de
TV “El Tío Johnny” de los años 60 es difícil ver a una persona andina o de
piel oscura, a no ser que fuera el hazmerreír, como “Tribilin” con Augusto
Ferrando, aunque Ferrando tampoco era precisamente blanco…
De manera que se democratizó la imagen del Perú, se democratizó el
acceso de ciertos sectores a condiciones de vida que antes solo se
asociaba a sectores altos, “blancos”. No obstante, esa cholificación que
fue sobre todo un proceso demográfico, constituyó una democratización tal
vez social, pero no política. En realidad, derivó en la informalidad, que al
final implica precariedad laboral, y ausencia o restricción de derechos, que
se han ido profundizando a medida que pasa el tiempo.
En ese entonces, años noventa, hubo tal vez cierta romantización de la
informalidad, una esperanza de que, en esta democratización social, en
esta cholificación, hubiera un germen de una democratización más amplia
en el Perú, donde la gente no perdiera sino ganara derechos. Pero salió el
tiro por la culata, como se vio muy claramente con Pedro Castillo.