
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Cajamarca
ISSN: 3028-9890 (en línea)
ACS
Volumen 1, N° 2, 2025
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Alternativas en Ciencias Sociales
consolidación el poder de las élites económicas. No se trata entonces de un
regulador del mercado, sino de que su principal función es la de facilitar la
acumulación de activos estratégicos –como subsidios a corporaciones,
rescates financieros o políticas fiscales favorables–, que perpetúen la
dominación de los grupos hegemónicos. Aquí entra la trinidad profana, que
evidencia contradicciones clave del capitalismo global, pues se trata de la
coexistencia de elementos de aquella. La trinidad está constituida por la
movilidad de capital, la soberanía estatal y la estabilidad monetaria. El
Estado, como parte del nomos capitalista, sólo puede garantizar la existencia
de sólo dos de estos tres elementos. Por ejemplo, la globalización prioriza la
movilidad del capital y la estabilidad monetaria, sacrificando la soberanía. La
inflación es, entonces, un conflicto redistributivo: no todos los precios suben
de la misma forma. Mientras que las firmas de los integrantes del Fortune
500 aumentan sus markups en un 60%, los salarios reales caen. De modo
que esto es un reflejo de la artificialidad del concepto público de neutralidad
económica y la existencia de un mecanismo de poder diferencial, con un
carácter asimétrico.
Mientras Gramsci enfatizaría la lucha ideológica por un consenso
generalizado, entendiendo el Estado como campo de batalla ideológico,
Bichler y Nitzan lo reducen a un instrumento de reproducción del poder
capitalista que permite a su hegemonía reproducirse. Un ejemplo de esto es
la crisis financiera de 2008, en la que los Estados rescataban bancos que, al
menos en apariencia, eran “demasiado grandes para quebrar” con fondos
públicos, imponiendo políticas de austeridad a la población. Esta
reconfiguración social tras una crisis, un “creorden”, nos revela cómo las
élites aprovechan las disonancias sistémicas para reforzar su control.
Las crisis son entonces, acumulación mediada por desastres, pues cuando
el régimen de amplitud se agota (como por falta de firmas que permitan la
fusión), el capital dominante recurrirá a la profundidad, es decir, la
estanflación. Para Bichler y Nitzan, la falta de “envolturas” (amplitud y
profundidad) disponibles para que el capital las supere, tuvo como
consecuencia final el colapso del mercado de valores en 2008. Esta crisis
demostró este patrón, al permitir rescates bancarios para las firmas con
activos más importantes que ejercieron un rol importante en el
desencadenamiento de la crisis, mientras que aplicaban políticas de
austeridad a la población en general. Por ello, a partir de lo dicho antes,
nuestros autores enfatizan el poder desintegrador de la deflación.
Con respecto al vínculo entre los modernos capitalistas y la exoneración
del proceso directivo de la empresa, cuando pensamos en el capitalismo
actual, solemos pensar en el sistema financiero, en las crisis bursátiles, en la
especulación y en los tecnócratas digitales más que en la producción directa.
Pensamos en una burguesía ajena a las responsabilidades operativas, que
delega sus quehaceres a CEOs y administradores, a bufetes de abogados